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Arana Goiri, Sabino
Person · 1865/01/26 - 1903/11/25

Sabino Policarpo Arana Goiri (Abando, Bilbao, 26 de enero de 1865 - Pedernales, 25 de noviembre de 1903) fue un político, escritor e ideólogo español, fundador del Partido Nacionalista Vasco y considerado el padre del nacionalismo vasco contemporáneo. Él se llamaba a sí mismo Arana ta Goiri'taŕ Sabin que es la forma vasca estándar, aunque actualmente se le conoce como Sabino Arana.

Proveniente de una familia carlista, fundó el Euzko Alderdi Jeltzalea - Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), partido que dirigió y por el que llegó a ser diputado provincial de Vizcaya. Murió en 1903, a la temprana edad de treinta y ocho años, a causa de la enfermedad de Addison, dejando plasmada su ideología en 33 obras poéticas, 14 libros políticos y literarios y más de 600 artículos en prensa.

La figura de Sabino Arana continúa siendo polémica tanto en el País Vasco como fuera de él. Sus detractores denuncian el fundamento racista, machista o xenófobo de su ideología. En cambio, los defensores de Arana generalmente aluden al contexto histórico de finales del siglo XIX y al impacto que tuvo el resto de su obra y pensamiento.

Sabino Arana fue el creador de la ikurriña, el Eusko Abendaren Ereserkia y el neologismo Euzkadi (que posteriormente se convertiría en Euskadi). También realizó estudios filológicos, compiló numerosas palabras del euskera oral y acuñó neologismos vascos, en lo que él denominó euskara garbia (en español, vasco limpio).

Contexto histórico
Artículo principal: Contexto histórico de los inicios del nacionalismo vasco
El nacionalismo vasco independentista preconizado por Arana nació en una época de bruscos cambios sociales, culturales y políticos que resultarán trascendentales para la comprensión de la sociedad actual.

En vida de Sabino Arana, la sociedad vasca estaba influida por diferentes aspectos entre los que se encuentran la caída del antiguo régimen, el florecimiento de las ideas liberales centralistas y laicistas, el caciquismo y la imperfección del sistema democrático, la crisis del carlismo tras su derrota militar, la pérdida de los fueros, la crisis del nacionalismo español y su intento de regeneración, las políticas coloniales y los procesos de emancipación colonial, la generalización de las teorías racistas, los inicios de la revolución industrial, el surgimiento del socialismo.

Infancia y formación:
Nacido en la casa familiar situada en la calle Ibáñez de Bilbao, número 10 (antes «casa de Albia» y actualmente conocida como Sabin Etxea —casa de Sabino—), como el octavo y último hijo de Santiago de Arana Ansotegui y Pascuala de Goiri Acha, fue bautizado como Sabino Policarpo en la parroquia de San Vicente Mártir de Abando, localidad de la que había sido alcalde su padre. Debido a la colaboración de su padre en los preparativos del alzamiento carlista de 1872, Sabino y parte de su familia se exiliaron y se trasladaron a Francia, en donde pasaron más de tres años.

Durante 1873 y 1874 Sabino estudió en el Colegio San Luis Gonzaga de Bayona (Francia), y después con un oficial carlista alavés en San Juan de Luz. Según algunos biógrafos, su padre renunció a enviarle a las escuelas francesas, de tendencia jacobina, y estudió con profesores particulares; otros, por su parte, afirman que, para matricularse en educación secundaria a su regreso, se vio obligado a decir que había estudiado en su casa para ocultar su condición de exiliado.

Sea como fuere, en 1876, terminada la guerra, Sabino y sus familiares regresan a Abando. Y toda vez que había aprobado las primeras letras y el examen de ingreso para el Bachillerato en Fuenterrabía, ingresa como interno en el colegio jesuita Nuestra Señora de la Antigua, en Orduña. Enfermo de tisis, se examina de Bachillerato postrado en la cama, obteniendo la calificación de sobresaliente en junio de 1881.

Del carlismo al nacionalismo (1882-1893):
Cuenta Sabino Arana que durante un viaje de su hermano Luis Arana, un santanderino le comentó, al ver que llevaba una insignia fuerista:

Pues mira, eso es lo que no entiendo bien. Si los vizcaínos sois españoles y vuestra Patria es España, no sé cómo queréis gozar de unos fueros que los demás españoles no tienen y eludir obligaciones que a todos los españoles deben comprender por igual ante la Patria común. Gozando de los fueros no servís en el Ejército español, ni contribuís con dinero al Tesoro de la Patria. No sois buenos españoles...

Admitiendo como gran verdad lo manifestado por el santanderino, Luis se cuestionó si era español o solo vizcaíno, considerando que su opción era la segunda.

Siendo ya un convencido del nacionalismo vizcaíno, según refiere el propio Arana, el Domingo de Resurrección de 1882, Luis, que había vuelto de Madrid, comentó sus ideas con su hermano Sabino, que por entonces se hallaba en casa convaleciente de tisis, y que se proclamaba carlista. Luis le hizo una fuerte crítica del carlismo por ser españolista y, tras largas horas de debate, a Sabino le entran dudas sobre sus ideas y decide estudiar la lengua, la historia y las leyes de Vizcaya, para conocer mejor a su pueblo. Al cabo de un año, ya se considera convencido

Más al cabo de un año de transición, disparáronse en mi inteligencia todas las sombras con la que oscurecía el desconocimiento de mi Patria, y levantando el corazón hacia Dios, de Vizcaya eterno Señor, ofrecí todo cuanto soy tengo en en apoyo de la restauración patria... Y el lema Jaungoikua eta Lagizarra se grabó en mi corazón para nunca más borrarse.

A la muerte de su padre en 1883, parte de la familia se traslada a Barcelona y Sabino se matricula en las Facultades de Derecho y de Filosofía y Letras por deseo de su madre (a él le gustaban más las materias de ciencias). Cursa pocas materias y apenas se presenta a los exámenes de una carrera que ni terminó ni pensó nunca ejercer. Se matricula también un año en Ciencias Naturales y Físicas, y Filosofía y Letras, y comienza a escribir un estudio sobre la ortografía del euskera vizcaíno. Tras morir su madre en 1888, queda huérfano a los veintitrés años, abandona definitivamente los estudios universitarios y regresa a Vizcaya. En esta etapa barcelonesa entró en contacto con la obra del integrista Félix Sardá y Salvany.

Ese mismo año, y tras haber logrado notables progresos en el aprendizaje del euskera (idioma que, al ser monolingüe castellano de origen, desconocía años antes), oposita junto a Miguel de Unamuno y Resurrección María de Azcue a la cátedra de Vascuence recién creada en el Instituto de Bilbao. Luis de Iza, Pedro de Alberdi y Eustaquio de Madina también se presentan a esa plaza. Azcue gana la cátedra al conseguir once votos del tribunal calificador, frente a tres de Unamuno y ninguno del joven Arana.

Sus primeros artículos y obras:
Desde que en 1884, con solo diecinueve años, comenzara a redactar un ensayo sobre ortografía del euskera, Sabino escribió multitud de artículos, el primero de los ellos en 1886, y de claro contenido político, referente a un debate periodístico sobre los «Orígenes de la raza vasca» que, como los anteriores que había escrito, no fue publicado por ningún periódico, ya que iba dirigido contra Miguel de Unamuno, al que criticaba duramente, entre otros motivos, por la poca base de sus afirmaciones sobre el origen de los vascos.

Finalmente, el 15 de julio de ese año vio publicado su primer artículo, «¿Basco o Vasco?» en la Revista de Vizcaya, haciendo clara alusión a una frase de Unamuno. El 7 de abril de 1888 publica en Barcelona unas hojas de los Pliegos histórico-políticos, en los que analiza la historia política de su tierra.

Sus artículos, la mayoría sobre temas lingüísticos e históricos, fueron recopilados en 1892, bajo el título Bizcaya por su independencia. Cuatro glorias patrias, en relación con las batallas de Padura (888), Gordejuela y Ochandiano (1355) y Munguía (1470).

Sus inicios políticos (1893-1898)
Dentro de la evolución ideológica de Arana se destacan varias fases. Desde su carlismo per accidens y fuerismo original, evoluciona a un vizcainismo independentista en el que cambia el lema fuerista Jaungoicoa eta foruac (Dios y fueros) por el nacionalista Jaun Goikua eta Lagi zarra (Dios y ley vieja, JEL), declarando una «guerra a muerte» al carlismo. Tradicionalmente, se considera que comienza con su primer discurso político en Larrazábal.

El Juramento de Larrazábal (1893)
Artículo principal: Discurso de Larrazábal
En 1893, durante los postres de una cena organizada en su honor por diecisiete amigos y conocidos para celebrar la publicación de su primer libro, Arana pronunció un discurso privado, que después entregó por escrito a los presentes, conocido como el «Juramento de Larrázabal» en un acto que representa el comienzo de su actividad política y el inicio semioficial del nacionalismo vasco aranista, aunque en ese momento Arana hablaba más bien de un independentismo vizcaíno, pero respetando la decisión de los demás territorios de integrarse a su proyecto.

Y no atribuyáis a soberbia lo que sólo sería efecto del intenso dolor que me causaría el envilecimiento de los vizcaínos y la muerte de mi Patria; yo no quiero nada para mí, todo lo quiero para Vizcaya; ahora mismo, y no una sino cien veces, daría mi cuello a la cuchilla sin pretender ni la memoria de mi nombre, si supiese que con mi muerte había de revivir mi Patria.
Dicho discurso comenzaba agradeciendo la invitación de los presentes y refiriéndose a la teóricamente imbatida Vizcaya frente a iberos, celtas, romanos, godos, musulmanes, hispanos, galos y sajones, negaba la sumisión a los monarcas españoles, que, según él, no eran reyes de Vizcaya, sino solo Señores. Criticaba a los partidos de la provincia por tildarse de vizcaínos cuando eran españolistas, se reconocía carlista hasta los diecisiete años de edad, por defender los fueros, pero solo hasta 1882, cuando comenzó a estudiar la historia de su Vizcaya y a elaborar gramáticas para aprender el idioma y a su vez enseñar y difundir sus conocimientos y sus ideas a los demás; además juraba trabajar en ello hasta su muerte.

Adoptaba el lema JEL (Jaungoikoa Eta Lagizarrak, traducido como «Dios y Leyes antiguas» en castellano), en sustitución del similar lema carlista «Dios y Fueros» y anunció la próxima constitución de una sociedad nacionalista cuyos estatutos ya había redactado y cuyo programa político se encontraba perfectamente definido, requiriendo la adhesión de sus oyentes a dicho proyecto y emplazándolos a una nueva reunión para dar a conocer todo su contenido. Para decepción de los Arana, los presentes, de tendencia mayoritariamente fuerista, entre los que se encontraba el empresario naviero Ramón de la Sota, inicialmente rechazaron sus ideas. Tras este juramento, decidido a difundir sus ideas a cualquier precio personal, y renunciando a continuar un prometedor futuro profesional en la empresa naviera familiar, empezó su intensa trayectoria política.

El folleto Bizkaitarra:
En junio y agosto de 1893 aparecieron los primeros dos números de la revista periódica Bizkaitarra, siendo denunciado por ambos, hecho por el que su popularidad aumentó. Este medio unido a la creación posterior de la sociedad nacionalista, fue el altavoz en el que inicialmente Arana desgranaba sus ideas. Cada ideología política estaba representada por un medio afín y eran bastantes y de muy diverso tipo las que se editaban periódicamente. Bizkaitarra estaba dirigido exclusivamente al consumo interno de los vizcaínos y pretendía despertar en ellos la conciencia nacional y ganar adhesiones, experimentando un notable auge en poco tiempo. Su estilo agresivo era común en todos los medios de la época. La temática era variada y se centraba en unos pocos hechos de la política local que criticaba o alababa, comentando posteriormente las reacciones sociales que habían generado en las distintas ideologías políticas.

Sabino Arana sufrió cuatro procesos por Bizkaitarra. Los dos primeros no continuaron el trámite debido a un indulto general para la prensa. El tercero fue debido al número del 24 de abril de 1895, por el que fue multado, pero dicha multa fue suspendida por el gobernador. El cuarto fue por injurias leves y fue condenado a arresto mayor, pena que cumplió en la prisión de Larrínaga.

En esta etapa se señalan como fundamentales otras dos manifestaciones públicas del nacionalismo vasco como son la «Sanrocada» de 1893 y la «Gamazada» de 1894, acontecimientos a los que asistió personalmente y que fueron largamente comentados en el «Bizkaitarra».

La «Sanrocada» (1893):
En 1893, el ministro de Hacienda, Germán Gamazo, se propone revisar los conciertos económicos forales navarros, contando con la férrea oposición de los navarros. En este contexto, en Guernica el 16 de agosto de 1893, se celebra la festividad de San Roque, y se celebra un almuerzo al aire libre en honor del Orfeón Pamplonés. Asisten a los actos fueristas, carlistas, bizkaitarras y catalanistas de Unió.

Por la mañana, todos rinden homenaje al Árbol de Guernica. En los balcones de la liberal Sociedad Gernikesa y de la Sociedad Tradicionalista lucían banderas españolas. Durante la comida se oyen algunos gritos de «Abajo la preponderancia de Castilla», «Viva la autonomía de las regiones», ante lo que protestan algunos carlistas. En respuesta a las reacciones de los carlistas se oye un grito de «¡Muera España!», motivo por el que los carlistas y los fueristas deciden abandonar el acto. Esa tarde elementos nacionalistas queman las dos banderas españolas que lucían las dos sociedades repitiendo el «Muera España» y gritando «Viva Euskeria Independiente». Este suceso se considera la primera manifestación del independentismo vasco.

La «Gamazada» (1894)
Artículo principal: Gamazada
El 14 de febrero de 1894, una delegación navarra, encabezada por Arturo Campión, acude a Madrid y a su vuelta son recibidos el 18 de febrero de 1894 por una multitud en Castejón, entre la que se encuentran los aranistas que portan un estandarte similar a la cruz de Borgoña, formado por la cruz roja de San Andrés sobre fondo blanco, bordado por Juana Irujo de Aranzadi según el boceto realizado por los Arana en el histórico Café Iruña de la capital navarra; en su reverso, figuraba en letras rojas, el lema siguiente: «Jaun-goikua eta Lagi-zarra, bizkaitarrak agurreiten deute naparrei (Dios y la Ley vieja, los vizcaínos saludan a los navarros)». Además los partidarios de Arana lucen como signo en sus levitas unas hojas de roble sobre un lazo rojo y blanco.

Como consecuencia directa del proyecto de Gamazo, se produce un movimiento de contestación popular en Navarra para el que se recogen 120 000 firmas, se realiza la mayor manifestación vista hasta esa fecha en Navarra y se dan algunos conatos de episodios violentos. El ministro fue finalmente destituido y el proyecto salió adelante.

Fundación de la Euskeldun Batzokija (1894)
Los hermanos Arana fundaron un centro político, bajo la apariencia de una sociedad cultural, denominado Euskeldun Batzokija, en el número 22 de la calle Correo de Bilbao, redactando sus estatutos; en la ceremonia de apertura del centro realizada el sábado 14 de julio de 1894 a las seis de la tarde, el socio de más edad, Ciriaco de Iturri, exoficial carlista, izó por primera vez la «ikurriña».

El domingo 15, se celebra una misa en Begoña y al terminar, ya fuera del templo, cantan el «Guernika'ko Arbola» y se dirigen al local de la sociedad donde se celebra la Junta General fundadora, en la que Sabino Arana es nombrado presidente de la Junta Directiva. Al terminar, salen al balcón de la sociedad un grupo de txistularis que escandalizan al público que esperaba el concierto de la Banda Municipal en el Arenal. La fiesta continuó hasta la noche, y se repite el día de San Ignacio, lo que hace que un vecino denuncie a la sociedad por alboroto. La sociedad es multada con 500 pesetas por «cantar, tocar el tamboril y patear en el suelo» de un piso. Sabino ridiculizó al denunciante en la revista Bizkaitarra, y este se dio por ofendido y lo denunció. Esta denuncia fue la causa del primer encarcelamiento de Sabino Arana.

A los cuatro meses de la fundación de la sociedad, Sabino expulsa a siete socios, con lo que se dan de baja varios más, en solidaridad con los expulsados. Al cabo de un año, de los 50 socios fundadores, han abandonado la sociedad 30, la mayoría por expulsión. En 1895 se modifica el reglamento del Euskeldun Batzokija, que ya tiene unos 120 socios, diciendo «que dicha Sociedad es meramente recreativa y no guarda la más mínima relación con Bizkaitarra, que es periódico político».

El 10 de agosto Sabino comparece en el juicio por las ofensas denunciadas por el vecino del Euskeldun Batzokija, en el que es condenado a 1 mes y 11 días de arresto mayor. Sabino decide no recurrir la sentencia ni aceptar el arreglo propuesto por el denunciante, y el 28 se presenta en la Audiencia, ingresando en la cárcel de Larrínaga a continuación.

El 12 de septiembre de 1895 la autoridad gubernativa ordena el cierre de la sede de la sociedad por «no cumplir los fines para los que fue creada», «ser su Círculo un foco perenne de rebelión y un peligro para la nación» y varias acusaciones más.

Elección del primer Bizkai Buru Batzarra
En julio de 1895 se eligió el primer Consejo Regional de Vizcaya, el Bizkai Buru Batzarra (BBB), conformando así el primer órgano decisorio del actual Partido Nacionalista Vasco. En agosto la sociedad recién creada fue denunciada, acumulando Arana su octava denuncia y su sexto procesamiento por artículos publicados en Bizkaitarra al ser acusado esta vez por «excitación a la rebelión»; también fue condenado por su artículo 14 en esta revista a once meses y un día de arresto mayor y multa, ingresando en prisión. En septiembre el periódico y la sociedad fueron clausurados; Arana fue procesado nuevamente por «conspiración a la rebelión» y se estableció una fianza elevadísima para la época de 50 000 pesetas. Estando en prisión fue convencido para que desistiera de la publicación de nuevos artículos. Reducida la fianza, abandonó la cárcel en enero de 1896; en noviembre fue absuelto del antes citado delito de excitación a la rebelión.

En agosto de 1897 se levantó la clausura del local social Euskeldun Batzokija, pero sus miembros decidieron no continuar con ella; el periódico Baserritarra, aparecido en mayo, fue clausurado poco después, en agosto de ese año.

Ideología inicial aranista
El pensamiento de Sabino Arana se resume en el lema de su partido, traducido como «Dios y ley vieja», es decir, el catolicismo antiliberal y la histórica independencia vasca basada en los fueros. Su discurso populista aglutinaba las técnicas de oratoria de la época (alusión a los mitos, al miedo a lo desconocido, hipérboles, metáforas, bipolaridad moral entre buenos/malos, víctimas/asesinos, morales/inmorales, nosotros/ellos, ironía, refranes, simbología...), todo ello expresado a veces con crueldad en un lenguaje directo.

Se consideran tres épocas en su evolución ideológica a partir del carlismo:

La primera, antiespañolista, más radical, centrándose fundamentalmente en Vizcaya, se iniciaría en 1892-1893, y en ella Arana impulsaría, a través de un discurso directo y peyorativo, los elementos diferenciadores (étnicos, religiosos, históricos e idiomáticos) de los vizcaínos, considerando estos valores como superiores en todo a los de los españoles, que para él son una raza degenerada, afeminada e inferior. Sus críticas también se dirigen a los vizcaínos «españolistas».
En una segunda etapa, sobre todo tras la incorporación de algunos miembros del partido a los cargos públicos a partir de 1898, los anteriores conceptos se suavizan, lo que permite la adhesión de los nacionalistas más moderados. Se considera a los gobernantes españoles como corruptos y degenerados y no, como en su primera etapa, a los españoles.
En los últimos años de su vida (1902), tras ser encarcelado, los cargos electos destituidos y sus sedes y medios clausurados se plantea la posibilidad de iniciar un proyecto "españolista" (regionalista/autonomista), dejando al margen el nacionalismo, pero dicho proyecto no llegó a realizarse. Para unos, en dicha decisión pesó el éxito del catalanismo que, moderando sus postulados, obtuvo una gran victoria electoral, mientras que para otros fue una maniobra que permitiese sobrevivir al nacionalismo hasta que llegasen tiempos mejores.
Algunos de los conceptos identitarios basados en el nacionalismo romántico de la etapa inicial del pensamiento aranista y que después matizaría fueron:

Sobre su catolicismo
Véase también: Tubalismo
Una idea clave en la ideología aranista es su catolicismo, derivado de sus raíces carlistas y que contribuye y justifica sus fines independentistas. Debido a que considera que la «catolicidad» era un elemento constituyente y esencial de la raza vasca, pues si los vascos no fueran católicos, refiere, «renegaría de mi raza: sin Dios no queremos nada».

Históricamente, en el imaginario popular anteriormente se habían mezclado una serie de leyendas cosmogónicas surgidas a partir del siglo XVI y en las que el pueblo vasco es descendiente directo de un nieto de Noé (mito de Túbal). Según este mito, la lengua vasca fue traída directamente desde el paraíso por su antepasado Túbal, sin que existan mezcolanzas posteriores ni derivaciones de otro idioma, como en el caso del castellano con respecto al latín, lo que de, alguna manera, confería a los vascos, simultáneamente, la condición de pueblo elegido por Dios, con el valor añadido de no haber participado en la muerte de Cristo, como ocurrió con los judíos. Posteriormente, el escritor romántico suletino Joseph-Augustin Chaho sustituyó a Túbal por un patriarca ancestral llamado «Aitor».

Arana se burló del «tubalismo» anteriormente expuesto, y conforme a algunos autores, su ideología católica es la del «racial-integrismo», aunque Arana propugna una diferenciación clara entre Iglesia y Estado puesto que considera que las subvenciones que recibe la Iglesia por parte del Estado redundan en una pérdida de independencia de aquella. Rechaza la estructuración de la Iglesia dividida en diócesis estatales y propugna una organización universal. A pesar de todo, el apoyo de la Iglesia al nacionalismo vasco nunca fue, ni mucho menos, mayoritario.

Sus fervorosos principios católicos tienen reflejo en su visión de la actividad política y por ello se opondrá al caciquismo y las corruptelas de la época, defendiendo una regeneración de la política, renunciando posteriormente con carácter ejemplarizante a las dietas que le pudieran corresponder como diputado.

Sobre la raza
Véase también: Racismo en España
En esta etapa aranista el elemento étnico tiene una gran importancia identitaria y diferenciadora respecto a la raza española, a la que, negando su catolicidad, ve como corrupta, inmoral y degenerada, siendo por lo tanto esta inferior a la raza vasca. Su pensamiento étnico y diferenciador está basado fundamentalmente en el euskera que era materia de estudio por su singularidad entre los lingüistas de la época. Sus seguidores consideran que el pensamiento inicial aranista sobre este particular, que consideraba que la raza vasca es superior en todo a la raza española, construyendo un signo de identidad nacional, se encontraba en consonancia con la ideología de la época fundiendo los conceptos de nación y de raza.; por otra parte sus detractores consideran que Arana profesaba ideas racistas y xenófobas, siendo este aspecto objetivo principal de sus críticas a su ideología.

De acuerdo con Gonzalo Álvarez Chillida, Arana convirtió al catolicismo castizo vasco, antaño ligado al español, en «racismo separatista visceralmente antiespañol».

Aparte del referente de la lengua, común en la mayor parte de los nacionalismos europeos desde los románticos alemanes, Sabino Arana consideraba los fueros vasco-navarros como un código de soberanía. Además dotó a su ideología de un sentir católico, que quedaron reflejados en su lema «Dios y leyes viejas» (Jaungoikoa Eta Lagi-zarrak). Creía que la decadencia del país se debía a la falta de este código de soberanía. Se estaban perdiendo la cultura, las costumbres, la lengua y la identidad de la zona que vivía por el sometimiento a leyes foráneas.

Más tarde, ya en 1898, Sabino Arana también se posicionó contra la política colonial e imperialista europea y contra el sometimiento de las razas africanas a los blancos europeos. Hay que tomar en cuenta que hasta 1886 la esclavitud era legal en Cuba (posesión española en aquel entonces) cuando Sabino Arana contaba con veintiún años de edad.

Sobre los maquetos
Para Arana, junto con los liberales, los «maquetos» eran la encarnación de los males que aquejaban a la patria vasca; dicho término fue utilizado comúnmente de forma despectiva en la época y era usado también en Santander (para referirse despectivamente a sus vecinos castellanos) y Asturias. Tras la revolución industrial fue utilizado popularmente en la zona minera vizcaína en donde los obreros vascos llamaban makutuak a los llegados del exterior; por su parte, Miguel de Unamuno (quien, como hijo de su época, también era racista) se refería a estos foráneos como «pozanos»; otros calificativos como «coreanos» o «machurrianos» no tuvieron tanta aceptación. En el País Vasco francés, el equivalente despreciativo ha sido kaskoin.

Según cita el propio Arana, los cuatro partidos católicos «vasquistas» de la época (carlistas, euskalerriakos, integristas y nacionalistas) habrían estado de acuerdo en que los «inmigrantes» procedentes de otras regiones españolas eran los odiados, los casi invasores del territorio vasco que representaban físicamente la destrucción de los modos de vida tradicionales, no porque fueran foráneos, sino porque tenían ideas distintas a las de Arana y el resto de los citados partidos, como el liberalismo y el constitucionalismo antifuerista.

Según la ideología inicial de Arana, los maketos hacían sentirse avergonzados a los vascoparlantes que ignoraban el castellano, y manifiesta su pena por los vascos que no saben euskera, aunque le dolía más el vascoparlante que no fuese «patriota», considerando lo peor para la «patria» un español que hable euskera; venidos de todas las partes de España, eran los genuinos representantes de la mezquindad española y de lo que él pensaba fuese una inferioridad étnica y cultural. Criticó también a esos maketos por realizar trabajos con más bajo salario, por ser inexpresivos, por ser torpes, etc., lo que los diferenciaba de los genuinos vizcaínos, que eran inteligentes, nervudos, etc.

Sobre los liberales
Sabino Arana mantiene una relación de rechazo visceral hacia España y el liberalismo de la época, fuese este de signo conservador o progresista, y a las clases altas liberales corruptas, dedicadas a la compra-venta de poder tan típica durante la Restauración.

Las clases medias y el campesinado apoyaron activamente su movimiento intensamente sacudidos por la pérdida de su estatus (quiebra de los pequeños negocios, empobrecimiento del campesinado ante los bajos sueldos aceptados por los inmigrantes, ataque a sus señas de identidad...). Veían en él la forma de conseguir pacíficamente los derechos perdidos por la derogación foral de 1876, consecuencia de las guerras carlistas y la solución a una industrialización que les amenazaba y que cambiaba su vida.

Sobre los socialistas y capitalistas
También se enfrentó al PSOE —único partido socialista de comienzos del siglo XX en España—, que representaba los intereses de muchos obreros que emigraron para trabajar en las minas y la siderurgia de Vizcaya. Frente a los socialistas mantuvo una dura pugna con Tomás Meabe, antiguo colaborador de Arana y fundador de las Juventudes Socialistas, al que en su día destinara Arana a investigar el socialismo, para posteriormente migrar a sus filas, abandonando a su mentor.

Según el historiador John Sullivan, en su libro El nacionalismo vasco radical: 1959-1986, «tanto la UGT como el PSOE eran activamente anticlericales, por lo que sus doctrinas se consideraron peligrosas e inmorales por gran parte de la población católica vasca».

Pero Arana es también un confesado anticapitalista, no por conciencia de clase proletaria, sino por considerar el capitalismo como expresión de la destrucción de las formas de vida tradicionales de la nación vasca. Critica a los capitalistas que «exprimen al obrero», pero en su pensamiento no deja de tener peso que esos capitalistas son los liberales a los que ha combatido siempre, y que tienen en sus manos todos los resortes del Estado del que tanto abomina.

Tras la muerte de Sabino Arana, el nacionalismo vasco organizó su propio sindicato, Solidaridad de Trabajadores Vascos (ELA-STV), enfrentado siempre a UGT y CNT, actuando en la órbita del sindicalismo cristiano, para que los obreros vascos no se afiliaran a sindicatos socialistas y españolistas. ELA-STV es actualmente la primera central sindical del País Vasco con más de 100.000 afiliados, aunque distanciada de la dirección y tesis del PNV.

Sobre las mujeres
El 2 de febrero de 1900 Sabino Arana se casó con Nicolasa Achica-Allende, una joven aldeana del pueblo vizcaíno de Busturia pobre e iletrada. Las cartas que Arana le envió recopiladas por el historiador José Luis de la Granja en el libro "Ángel o demonio: Sabino Arana. El patriarca del nacionalismo vasco" publicado en 2015 muestran una vertiente de Arana en la que le reclama sumisión y obediencia. En otra carta enviada a un amigo escribe "La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana. (...) Es inferior al hombre en cabeza y en corazón. (...) ¿Qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión: nada más".

Las ideas principales de la propuesta nacionalista de Sabino Arana:
La propuesta nacionalista vasca de Sabino Arana se basaba en las siguientes ideas:

Una concepción «orgánico-historicista» (o «esencialista») de la nación vasca —las naciones existen desde siempre con independencia de la voluntad de sus habitantes— cuyo «ser» propio son la religión católica y la raza vasca —identificada por los apellidos y no por el lugar de nacimiento, de ahí que exigiese tener los cuatro primeros apellidos vascos para ser miembro del primer batzoki, aunque el PNV más adelante los redujo a uno— y no el euskera —en lo que se diferenciaba notablemente del nacionalismo catalán, cuyo rasgo identitario más importante era la lengua—. «Si nos dieran a elegir entre una Bizcaya poblada de maketos que sólo hablasen el euskera y una Bizcaya poblada de bizcaínos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda porque es preferible la sustancia bizcaína con accidentes exóticos que pueden eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizcaínas que nunca podrían cambiarla», escribió Sabino Arana en su opúsculo de 1894 Errores Catalanistas.
El integrismo católico y el providencialismo que le lleva a rechazar el liberalismo, pues este «nos aparta de nuestro último fin, que es Dios», y en consecuencia a reclamar la independencia de la España liberal, y alcanzar así la salvación religiosa del pueblo vasco. «Bizkaya, dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica», afirmó, y por eso proclamó que su grito de independencia «SÓLO POR DIOS HA RESONADO».
La nación vasca entendida como antagónica de la nación española —son «razas» distintas— pues han sido enemigas desde la antigüedad. Vizcaya, como Guipúzcoa, Álava y Navarra, lucharon siempre por su independencia frente a España, cosa que consiguieron cuando los reyes «españoles» no tuvieron más remedio que concederles sus fueros. Desde entonces, según Arana, los cuatro territorios fueron independientes de España y entre sí, hasta que en 1839 los fueros fueron subordinados a la Constitución española, pues según Arana, a diferencia de los fueristas, fueros vascos y Constitución española eran incompatibles. «El año 39 cayó Bizcaya definitivamente bajo el poder de España. Nuestra patria Bizkaya, de nación independiente que era, con poder y derecho propios, pasó a ser en esa fecha una provincia española, una parte de la nación más degradada y abyecta de Europa», escribió Arana en 1894.
El pueblo vasco —definido racialmente, no lingüística ni culturalmente— ha ido «degenerando» en un dilatado proceso que culmina en el siglo XIX con la desaparición de los Fueros. En ese proceso los inmigrantes españoles que han llegado —«invadido», según Arana— al País Vasco a trabajar en sus minas y en sus fábricas —los maquetos— son los culpables de todos los males: de la desaparición de la sociedad tradicional —con la industrialización, de ahí el anticapitalismo inicial y la idealización del mundo rural de Arana: «Fuese pobre Bizcaya y no tuviera más que campos y ganados, y seríamos entonces patriotas y felices»— y de su cultura basada en la religión católica —con la llegada de ideas modernas antirreligiosas, como «la impiedad, todo género de inmoralidad, la blasfemia, el crimen, el libre pensamiento, la incredulidad, el socialismo, el anarquismo...»— y del retroceso de la lengua vasca.
La única forma de acabar con la «degeneración» de la raza vasca es que recupere su independencia de España, volviendo a la situación anterior a 1839 —lo fundamental, según Arana, era reclamar la derogación de la ley de 1839, no la de 1876—. Una vez conseguida la independencia se constituiría una confederación de Estados vascos con los antiguos territorios forales de ambas vertientes de los Pirineos —Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, de la parte sur; Benabarra, Lapurdi y Zuberoa, de la parte norte—. Esta confederación, que denominó Euskadi, se basaría en la «unidad de raza, en lo posible» y en la «unidad católica», por lo que en ella sólo tendrían cabida los vascos de raza y los católicos confesionales, quedando excluidos no solo los inmigrantes maquetos sino también los vascos de ideología liberal, republicana o socialista.

La etapa intermedia (1898-1902)
Los autores consideran la existencia de una etapa más moderada en la ideología aranista, sobre todo tras ser elegido diputado provincial , que aumentaría las adhesiones de sectores nacionalistas moderados a su proyecto.

En noviembre de 1897, Arana explica la razón de su anterior radicalismo, expresado en los artículos de Bizkaitarra y mucho más levemente en el posterior Baserritarra y reconoce que su estilo buscaba notoriedad y despertar a la sociedad, no siendo necesario ya utilizar ese estilo duro de su primera época.

Hoy, y sobre todo en Bizcaya, ya no haría falta hablar contra España. (1897)
En abril de 1898 se inició la guerra de Cuba entre España y Estados Unidos, decretándose el estado de guerra; la casa de Arana resultó apedreada. En julio también se archivó el anterior proceso iniciado por «conspiración a la rebelión». Tras el armisticio de la guerra, el 11 de septiembre, Sabino Arana fue elegido en las elecciones como diputado provincial por Bilbao, formando parte de la Comisión de Fomento de la nueva Diputación de Vizcaya. También fundó en 1899 el periódico El Correo Vasco, que publicó 103 números.

El 14 de mayo de 1899 se realizaron elecciones municipales y los nacionalistas vascos obtuvieron cinco concejales en Bilbao, otros cinco en Bermeo y algunos en Arteaga y Mundaca, donde se consiguió el primer alcalde nacionalista, aunque al día siguiente, por real decreto, se suspendieron las garantías constitucionales en Vizcaya, pese a que en la exposición de motivos se señalaba que, pese a que no existía «el menor riesgo para el orden material (...) atacan con tal audacia al sentimiento de la Patria Común, expresan con obstinada insistencia propósitos de romper el vínculo nacional, que constituye una perturbación del orden moral» y todos los centros y periódicos fundados por Arana fueron clausurados, siendo reabiertos de nuevo en abril de 1900 una vez restablecida la normalidad.

El 2 de febrero de 1900, tras un noviazgo de un año, contrae matrimonio en la ermita de San Antonio de Abiña con Nicolasa Achicallende e Iturri (Nikole), vecina de Pedernales. La unión cuenta inicialmente con la desaprobación de algunos de sus correligionarios debido al origen humilde de la novia y la unión se realiza en secreto y en la intimidad para evitar la presencia de curiosos. De hecho, el secreto fue tan estricto que los padres de ella se enteraron el mismo día de la boda porque «la alegría no les hubiera permitido callar». En agosto Nikole, embarazada de cuatro meses, pierde al hijo que esperaban. La situación económica de Arana no era muy boyante y vivían de alquiler porque no podían permitirse una vivienda en propiedad y, a pesar de ello, Arana renunciaría voluntariamente al cobro de dietas por su cargo de diputado.

Durante el año 1901, Arana intervino como vicepresidente en el Congreso Ortográfico de Hendaya para unificar la ortografía del euskera, e invitó a participar en ella a todos los intelectuales relacionados con la materia, aunque odiasen su proyecto nacionalista. También ese año se crea la primera organización juvenil nacionalista, Euzko Gaztedia (EG).

El proyecto «españolista» (1902-1903)
En los últimos años de su vida, ve como gran parte de su proyecto es destruido por las autoridades y los atentados perpetrados por sus opositores; así, en mayo de 1902 fue asaltado y saqueado el Centro Vasco; ese mismo mes, Arana fue encarcelado por delito de rebelión por enviar un telegrama al presidente estadounidense Theodore Roosevelt, felicitándole por conceder la independencia a Cuba:

Roosevelt. Presidente Estados Unidos. Washington. Nombre Partido Nacionalista Vasco. Felicito por Independencia Cuba por Federación Nobilísima que presidís que supo liberarla esclavitud. Ejemplo magnanimidad y culto Justicia y Libertad dan vuestros poderosos Estados, desconocido Historia, e inimitable para potencias Europa, particularmente latinas. Si Europa imitara también nación vasca, su pueblo más antiguo, que más siglos gozó libertad rigiéndose Constitución que mereció elogios Estados Unidos, sería libre. — Arana Goiri
En junio de 1902 el gobernador civil suspende de sus funciones a los concejales bilbaínos del PNV por un hecho similar. El 22 de junio de 1902, desde la cárcel, Arana publica un artículo llamado «Grave y transcendental», en el que plantea la posibilidad de crear un nuevo partido con el que, renunciando al independentismo, se pudiera evitar el acoso hacia su ideología. La prensa de la época cree que Sabino ha tirado la toalla y Arana le remite una carta a su hermano Luis explicándole su idea, dos días después:

Instantáneamente se me ha presentado esta idea como seguramente salvadora de llevarse con toda perfección a la práctica: la independencia de Euzkadi bajo la protección de Inglaterra, será un hecho un día no lejano.
Una autonomía lo más radical posible dentro de la unidad del Estado español y a la vez más adaptada al carácter vasco y a las necesidades modernas.
El nuevo «plan» queda para que:

ellos (los nacionalistas) puedan continuarlo. Hay que hacerse españolista y trabajar por el programa que se trace con este carácter. A mi modo de ver, la Patria (Euzkadi) nos lo exige. Esto parece un contrasentido, pero si en mí se confía debe creerse. Es un golpe colosal, desconocido en los anales de los partidos. Queda empañada toda mi reputación. Tú, Koldobika, me comprenderás...
Aunque en dicho proyecto no estaría el propio Arana.

Desde el 22 de mayo de 1902 hasta el 14 de junio de 1903, una Junta sita en la calle de Luchana de Bilbao se encargó de recoger votos de adhesión para el proyecto. Seis meses antes de su fallecimiento el proyecto queda enterrado.

Hay muchas interpretaciones de este cambio en la ideología aranista en el que, proponiéndose disolver el PNV, intentó crear una «Liga de Vascos Españolistas». Algunas hipótesis apuntan que Arana pretendía crear algo parecido a la exitosa Lliga Regionalista catalana de Francesc Cambó, que, moderándose y pactando con sectores no nacionalistas e incluso opuestos, había obtenido gran apoyo con su victoria electoral en 1901 para el proyecto catalanista, posicionándose frente al avance de las izquierdas y aglutinando a las derechas.

Antes de su muerte, puede que debido a que la Junta no consiguiera los apoyos considerados como necesarios para el citado proyecto, Arana nombró como su sucesor a un ferviente independentista, de lo que se desprendería claramente, según algunos, que abandonó dicho proyecto españolista. Además, entre otros motivos, se alega que, durante todo ese período el periódico La Patria, con la supervisión de Arana, continuó publicando artículos nacionalistas, el propio Arana realizó escritos en tal sentido y además en las elecciones se presenta el PNV, siendo Arana el que interviene en la selección de candidatos. Gravemente enfermo de la enfermedad de Addison, se solicita su excarcelación por motivos de salud interponiendo recursos judiciales, que son desestimados, y se recogen más de 9000 firmas, que son ignoradas; Segismundo Moret, presidente del Congreso de los Diputados, dijo:

Será más gallardo que muera en la cárcel; además la tranquilidad de España bien vale la vida de un hombre
El 8 de noviembre de 1902 es absuelto del delito antes mencionado y sale de la cárcel, pero el fiscal anuncia recurso contra la sentencia, por lo que decide exiliarse en Francia bajo la identidad de Sylvain de Arbeste. En septiembre de 1903, a causa del avanzado estado de su enfermedad, Sabino Arana abandona la dirección del PNV, eligiendo como su sucesor a Ángel de Zabala, de clara tendencia independentista, falleciendo el 25 de noviembre de 1903 a los treinta y ocho años de edad.

Su obra fue microfilmada en 1936 para protegerla de las tropas sublevadas en la Guerra Civil. En 1965 y 1980 fueron publicadas sus obras completas; la Fundación Sabino Arana, vinculada al PNV, almacena y expone numerosos documentos de su vida.

Lengua y cultura
Como antes se ha mencionado, según Arana, el euskera era uno de los elementos identitarios de la patria vasca y a su impulso dedicó gran parte de su trabajo. No obstante los filólogos actuales han señalado fallos en la obra de Arana en este campo.

Propuso su propio modelo ortográfico para el euskera basándose en las ideas de Pablo Pedro Astarloa, y se posicionó a favor de un modelo ortográfico unificado, salvaguardando la diversidad dialectológica. Los seguidores de Resurrección María de Azkue y Arturo Campión proponían otro sistema ortográfico y veían la necesidad de un estándar literario común. Arana defendió su propuesta en el Congreso ortográfico de Hendaya de 1901, del que fue su vicepresidente. Entendía que debía existir un dialecto para cada provincia, el cual sería tratado como lengua. Su visión de la lengua vasca era purista hasta el extremo, y quiso sustituir los préstamos románicos en su totalidad por neologismos, generalmente inventados por él. Esto también incluía el léxico religioso: Deun (santo), txadona (iglesia), orlegi (verde), urrutizkin (teléfono), izparringi (periódico).

Tras su muerte, en 1910 la Comisión de Euskera del Partido Nacionalista Vasco publicó Deun Ixendegi Euzkotarra / Santoral Vasco (Santoral onomástico vascongado), prologada por su seguidor Luis Eleizalde, donde se «traducen» los nombres cristianos adaptándolos a las que, según él, eran las leyes fonéticas del euskera. Es, en realidad, una reedición del Egutegi Bizkaitarra de 1897 del propio Sabino. Aunque inicialmente la Iglesia, hasta 1904, se negó a bautizar a los niños con esos nombres, poco a poco se hicieron muy populares y llegaron a ser el 24% de los registrados en algunas zonas en 1937. Después de ser prohibidos durante la dictadura franquista volvieron a ser utilizados, hasta nuestros días. Según su sistema, los nombres acabados en «a» son masculinos y los acabados en «e» femeninos: Kepa/Kepe (de Kaiphas, Pedro/Petra), Miren (María), Endika/Endike (Enrique), Edorta/Edorte (Eduardo), Pederika/Pederike (Federico/Federica), Iñaki (este era un nombre tradicional, Ignacio, derivado a su vez de Íñigo), Joseba/Josebe (José/Josefina), Jasone (Asunción), etc. Aplicó ese mismo sistema para diferenciar el género a los nombres tradicionales, como en el caso de Begoña/Begoñe y Uxua/Uxue. Como rasgo distintivo de los militantes de su partido, ideó un sistema onomástico ajeno a toda tradición, según el cual había que escribir los apellidos con el sufijo que indica gentilicio (-tar), por delante del nombre de pila. Ejemplo: Arana ta Goiri'tar Sabin.

La evolución posterior del aranismo
Artículo principal: Historia del PNV
La pugna y la unión entre los aranistas «aberrianos» y los «euskalerriacos» marcaría la vida del Partido Nacionalista Vasco creado por Arana; el giro nacionalista de los segundos y su mayor acercamiento a partir de 1899 posibilitaría, según algunos autores, una moderación de los postulados nacionalistas y el acceso al patrimonio de Ramón de la Sota, una de las mayores fortunas de la época, que supuso un despegue económico y social del PNV y en consecuencia el acceso a cargos públicos y a la burguesía vasca, pues apoyaron la candidatura nacionalista en 1898 por la que Sabino Arana fue elegido diputado provincial, siendo el propio Ramón de la Sota elegido por el PNV diputado a Cortes por Valmaseda en 1918. Ramón de la Sota, que anteriormente era líder de los euskalerriakos, fue uno de los principales dirigentes del partido de Arana en esa época.

En toda la historia del PNV se ha destacado su mentalidad pragmática, llegando a acuerdos con partidos de ideología incluso contraria, oscilando entre posturas autonomistas y soberanistas, lo que ha provocado diversas escisiones y posteriores reunificaciones.

Aportación al nacionalismo vasco actual:
Arana creó muchos de los símbolos nacionalistas actuales. Aplicando sus teorías lingüísticas, acuñó un nombre para el país: Euzkadi (en detrimento del vocablo Euskal Herria o Euskeria, que también utilizó en sus escritos), y una bandera, la ikurriña. En 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco, principal organización política del País Vasco y su organización juvenil EGI, creó y diseñó su estructura social.

El Aberri Eguna (día de la patria) fue instaurado en 1932 por el PNV el domingo de Pascua de cada año para conmemorar el día en que se considera que Sabino Arana recibió las ideas nacionalistas de su hermano Luis, empezando con el lema «Euzkadi Euzkaldunon Aberria da» (Euskadi es la patria de los vascos).

Las ideas de Sabino Arana no habrían tenido auge ninguno si se hubieran limitado a defender el «fuerismo», puesto que ya existían en su época partidos de dicha ideología. El discurso original de Sabino Arana añadió un marcado independentismo, que se contraponía al simple autonomismo o regionalismo de los entonces «fueristas». Arana proponía la independencia de Vizcaya como vía de recuperación de su identidad perdida, dejando que las siete provincias vascas de España (Hegoalde) y de Francia (Iparralde) recorriesen el mismo camino por su cuenta, hasta reunirse todas en una Euzkadi federal.

Para ello fundó y lideró un nuevo partido, EAJ-PNV, que organizativamente también resultó novedoso para su época, pues, frente a los «partidos de cuadros» existentes, muy poco participativos, se preocupó de que su partido lo formara una base social teniendo como referencia los batzokis, configurados como centros vasquistas que constituirían algo más que sedes de un partido y se dotaron de un funcionamiento democrático y participativo, ya que eran los propios miembros de estos centros los que designaban a los representantes y cargos del partido. En 1895 se crearía el primer batzoki en Bilbao y en la actualidad existen más de doscientos. Posteriormente, la ideología del partido alternaría entre las posturas de los partidarios de opciones independentistas y los partidarios que defienden tesis más moderadas o pragmáticas, produciéndose diversas escisiones y reunificaciones.

Sabino Arana siempre consideró que el fin de la tradición vasca era inminente, por lo que su discurso era muy impactante y su actividad frenética y apresurada, pues todo se tenía que hacer en un espacio muy breve de tiempo. Poco más de cien años después de su muerte, su figura continúa siendo polémica, es admirado, incluso venerado como un «maestro» por sus seguidores y odiado y calumniado por sus detractores.

Su casa natal, denominada «Sabin Etxea», se convirtió en un símbolo nacionalista; utilizada como sede de la Falange durante la dictadura franquista, es actualmente la sede del Partido Nacionalista Vasco, y la fundación que lleva su nombre continúa guardando y recordando su obra, dado que toda la documentación existente fue microfilmada y protegida en los años del citado régimen.

Sabino Arana también añadió la letra a una melodía popular vasca que se utilizaba como saludo a la bandera. Dicha canción, llamada «Gora ta Gora», es el actual himno del PNV y la melodía, sin letra, es el himno de la comunidad autónoma del País Vasco («Eusko Abendaren Ereserkia»), que se impuso finalmente a la antigua canción fuerista «Gernikako arbola» («El Árbol de Guernica»), escrita por José María Iparraguirre. La letra del «Gora ta gora» también hace alusión a dicho roble y a las tradiciones religiosas.

La Ikurriña:
Fue diseñada por los hermanos Arana como el símbolo de una Vizcaya independiente. En ella Sabino considera que se representa a Vizcaya, al árbol de Guernica y al lema Jaungoikua eta Lagizarra de su partido.

Aunque también diseñaron banderas para los demás «Estados independientes vascos», estas no tuvieron éxito, y la ikurriña fue adoptada finalmente por los nacionalistas como la bandera vasca. En 1936 el gobierno vasco la declaró emblema oficial y fue reconocida desde 1979 por el artículo 5 del Estatuto de Autonomía como bandera oficial del País Vasco.

Toponimia
El de Sabino Arana es uno de los nombres más habituales en las calles y plazas de las localidades de Vizcaya. Así, los siguientes municipios recuerdan en su callejero al político vasco:

Argentina
Buenos Aires: calle.
Mar del Plata: calle.
Lomas de Zamora: calle.
Provincia de Barcelona
Barcelona: calle.
Provincia de Guipúzcoa
Fuenterrabía: calle.
Provincia de Vizcaya
Amorebieta-Echano: calle.
Baquio: avenida y busto.
Berango: calle y travesía.
Bermeo: plaza.
Bilbao: avenida, estatua en los Jardines de Albia y denominación de una de las paradas del tranvía de la ciudad.
Echévarri: calle.
Guecho: travesía.
Lejona: avenida.
Lequeitio: avenida.
Miravalles: calle.
Munguía: calle.
Ondárroa: calle.
Pedernales: calle.
Santurce: calle.
Sondica: calle.
Sopelana: avenida.
Yurre: calle.
Zalla: avenida.
Zamudio: plaza.
Véase también
Sabin Etxea
Nacionalismo vasco
Historia del nacionalismo vasco
PNV
Historia del PNV
Fundación Sabino Arana
Raza vasca
Vasco
Historia del País Vasco
Euskal Herria

Person · 1929/11/14 - 1996/12/16

Alfonso Irigoyen Echevarría o en euskera, Alfonso Irigoien Etxebarria (Bilbao, 14 de noviembre de 1929-Bilbao, 16 de diciembre de 1996) fue un lingüista, escritor, bertsolari y académico español, con una extensa obra en euskera y español.

Biografía:
Licenciado en Filología románica por la Universidad de Salamanca, se doctoró en la misma universidad. En 1976 trabajó como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Deusto. Miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca desde 1957, secretario y director de la revista Euskera, tuvo un papel clave en la reorganización y pervivencia de la academia tras la posguerra. Participó en el Congreso de Aránzazu de 1968 donde defendió las tesis en apoyo de un euskera unificado. Reconocido como un experto lingüista del euskera, sus numerosos artículos de filología publicados en distintas revistas especializadas se reunieron más tarde en cinco volúmenes en la obra, De re Philologica lingua uasconicae: En torno a la toponimia vasca y circumpirenaica (Bilbao, 1986), Observaciones en torno a la obra Toponymie Basque de Jean-Baptiste Orpustan' (Bilbao, 1990), En torno a la evolución y desarrollo del sistema verbal vasco (Bilbao, 1985), Pertsona-izenak euskaraz nola eman (Bilbao, 1994) y Kultura-hitzak euskaraz: (lexikon culturale) et nomina exonomastica scribendi forma in lingua vasconum (Bilbao, 1995). Unos meses antes de su muerte, en 1996, publicó su último libro: Bibliako eta Grezia Zaharreko pertsona-izenak.

Tuvo gran interés en el versolarismo, y contribuyó al renacimiento de los campeonatos de versolaris. Cultivó además, entre otras facetas artísticas, tanto la pintura y la escultura, como la poesía, recibiendo numerosos premios por su obra poética que comenzó a publicar a partir de 1979 con Herrian bizi gara.

Bibliografía:
Aita Santi Onaindia eta Alfontso Irigoien bertsogintzaren lekuko, junto con Jacoba Onaindia Baseta; Euskal Herriko Bertsolari Elkartea, (1993)
Categorías gramaticales, junto con Resurrección María de Azkue, (1969)
El verbo guipuzcoano y observaciones generales junto con Seber Altube, (1969)
El verbo guipuzcoano, junto con Resurrección María Azkue, (1969)
En torno a la evolución y desarrollo del sistema verbal vasco (1985)
En torno a la toponimia vasca y circumpirenaica, Universidad de Deusto. Departamento de euskera (1986)
Geure hizkuntzari euskaldunok deritzagun izenaz, Euskaltzaindia, (1977)
Kristo gure Jauna eta andredena Maria, junto con Agustín Zarranz Bermejo y Policarpo de Iraizoz (1979)
La lengua vasca en relación con la antroponimia y otras cuestiones..., (1983)
Las lenguas de los vizcaínos: antroponimia y toponimia medievales, (1985)
Los afijos vascos, con Resurrección María Azkue, (1969)
Notas lingüísticas a "Chartes de l'église de Valpuesta du IXe au XIe siècle", con Koldo Mitxelena
Opera selecta, con Adolfo Arejita, (1997)
Sobre el topónimo Gasteiz y su entorno antroponímico, (1981)
Sobre toponimia del País Vasco Norpirenaico: (observaciones en torno a la obra Toponymie Basque de Jean-Baptiste Orpustan), conJean-Baptiste Orpustan, (1990)
Studia philologica: in honorem Alfonso Irigoien, con Itziar Túrrez Aguirrezábal y Adolfo Arejita, (1998)
Theophrastou Charakteres:, con Teofrasto, (1995)
Ensayos:
De re philologica linguae uasconicae, (1986)
De re philologica linguae uasconicae: Volume 2, (1987)
Pertsona-izenak euskaraz nola eman: (eta exotoponymiaz eraskin bat), (1994)
Kultura-hitzak euskaraz, (1995)
Poesía:
Herrian gara bizi, (1979)
Hi ta ni garade zu, to ez date no, (1989)
Orbel eta orri, (1985)
Autobiografía:
Sorterriaren alde: ene artearen iturriak eta bizitzako zenbait diztira, (1976)

Zubiri Sánchez, Iñaki de
Person · 1913 - 2006

Escritor vizcaíno, nacido en Bilbao en 1913. Autor de Oroitzak (1975), Galdu. Txakur baten gorabeerak (1979), Bidetik amesetan (1984), Izadiko Pitxiak (1989), Morroia (1989), Apresen ildotik (1992), Mendekua (1992), Patxi (1993), Errotazar (1994) y Basamortuko semea (1995).

Kintana Urtiaga, Xabier
Person · 1946/10/13

Xabier Kintana Urtiaga (Bilbao, Vizcaya, 13 de octubre de 1946) es un filólogo y escritor español en euskera. Es secretario de la Real Academia de la Lengua Vasca y miembro de honor de la Academia del Aragonés.

Obra:
Narrativa:
Behin batean (Lur, 1972)
Nazioarteko ipuinak (Hordago, 1980)
Orreagako burruka (Elkar, 1980)

Novela:
Ta Marbuta. Jerusalemen gertatua (Elkar, 1984)

Ensayo:
Linguistika orain arte (Lur, 1971)
Euskara hobean hobe (EHU, 1984) en colaboración con Pello Salaburu
Judu Herriaren ibilbide luzea (Gaiak, 1994) en colaboración con su hijo Jurgi Kintana

Literatura para jóvenes:
Gure piztitxoaren artean (ed. Indauchu, 1974)
Oier Beltzuntzeko (Cinsa, 1976)
Martin Txilibitu, ehiztari beltza (Cinsa, 1976)
Kixmi eta euskal jentilak (Elkar, 1980)
Lamia eta artzaina (Elkar, 1980)
Marigorringoa eta Harra (Elkar, 1980)
Martin txiki eta Jentilak I (Garia lapurtzen) (Elkar, 1980)
Martin txiki eta Jentilak II (Zerraren asmaketa) (Elkar, 1980)
Tartalo eta artzaina (Elkar, 1980)
Euskarazko zubia 1.a (Santillana, 1987)

Biografía:
Imanol Berriatua (1914-1981) (Eusko Jaurlaritza, 1994)
Gabriel Aresti (1933-1975) (Eusko Jaurlaritza, 1998)
Federico Krutwig Sagredo (1921-1998) (Eusko Jaurlaritza, 1999)
Justo Mari Mokoroa (Eusko Jaurlaritza, 2000)

Diccionarios:
Batasunaren kutxa (Lur, 1970)

Person · 1924/08/12 - 2011/04/08

Xavier López de Gereño Arrarte, más conocido como Xabier Gereño (Bilbao, Vizcaya, 12 de agosto de 1924 - ibídem, 8 de abril de 2011), fue un escritor en euskera.

Biografía
Economista de profesión, fue un autor muy prolífico y famoso en euskera. En sus primeras obras amplió la temática de los libros escritos en vasco tocando los temas de la opresión social, los conflictos laborales y la lucha contra la tiranía y el abuso de poder. Desde el primer momento fue un claro defensor de la lengua vasca unificada (euskera batúa).

Falleció el 8 de abril de 2011, a los 86 años.

Obras
Obras narrativas
Zortzi nobela labur (1982, editorial Egilea)
Zein da errudun? Eta Nobi bat behar dugu (1969, Euskerazaleak)
Txisteak, teatroa eta narrazioak (1984, editorial Egilea)
Mafiak hil zuen (1989, editorial Egilea)
10 nobela labur (1981, editorial Egilea)
12 nobela labur (1979, editorial Egilea)
9 nobela labur (1980, editorial Egilea)
Novelas
Carta fatal (1994)
Zuriz jantzitako emakumea (1991, editorial Egilea)
Zu ez zara Marcel (1988, editorial Egilea)
Xantaia kontesari (1978, editorial Egilea)
Xai Xai-tik hurbil (1990, editorial Egilea)
Simon Goldmayer-en bahiketa (1986, editorial Egilea)
Setiatuak (1985, editorial Egilea)
Sabotaia (1985, editorial Egilea)
Osaba Gabrielen asesinatzea (1978, editorial Egilea)
Odolezko ezteiak (1990, editorial Egilea)
Nora naramazue (1972, Lur)
Mitxino katua pozoiez hila (1979, editorial Egilea)
Milia eta bere tenientea (1984, editorial Egilea)
M-7 ajentea (1989, editorial Egilea)
Kuwait-en harrapatuak (1991, editorial Egilea)
Konspiratzaileak (1986, GAK)
Kikili, Kokolo eta Riuoltosa (1989, editorial Egilea)
Kikili eta Kokoto espioitzan (1990, editorial Egilea)
Kikili eta Kokoto Chile-n (1988, editorial Egilea)
Jurgi kapitaina Hong Kong-en (1982, editorial Egilea)
Jurgi kapitaina Britainian (1978, editorial Egilea)
Jostailu garestia (1991, editorial Egilea)
Jomeini-ren paradisuan (1988, editorial Egilea)
Iruineako asasinatzea (1977, Luis Haranburu)
Iheslariak (1985, editorial Egilea)
Hiltzaile baten bila (1975, Luis Haranburu)
Gudari bat (1977, Luis Haranburu)
Gadafi hiltzeko agindua (1987, editorial Egilea)
Faro madarikatua (1981, editorial Egilea)
Euskal espioiak nazien aurka (1988, editorial Egilea)
Afrika beltzean (1988, editorial Egilea)
Alferrik hilak (1990, editorial Egilea)
Amazonia-ko misterioa (1990, editorial Egilea)
Ametsetan galduta (1985, editorial Egilea)
Andereño (1975, editorial Egilea)
Andre Catalina eta Arabia-ko Emir-a (1984, editorial Egilea)
Antonello Euskal Herrian (1983, editorial Egilea)
Arantza artean (1969, Itxaropena)
Argi bat iluntasunean (1970, Lur)
Drogen munduan (1991, editorial Egilea)
Espioitza (1977, Luis Haranburu)
Teatro
Zeledonio sastrea, hori bai desastrea (1986, editorial Egilea)
7 teatro lan (1979, editorial Egilea)
8 teatro lan (1982, editorial Egilea)
Alaba bila (2003, Xabier Gereño)
Arazoak kirofanoan (2003, Xabier Gereño)
Bi izaera (2003, Xabier Gereño)
Neska ala mutila (2003, Xabier Gereño)
Lau abokatu etxean (2003, Xabier Gereño)
Taxisten artean (2003, Xabier Gereño)
Teatroa 31 (2003, Xabier Gereño)
Zerbitzari berezia (2003, Xabier Gereño)
Zuzendariaren zain (2002, Xabier Gereño)
Teatroa ostatuan (2002, Xabier Gereño)
Pateran etorria (2002, Xabier Gereño)
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Unamuno Jugo, Miguel de
Person · 1864/09/29 - 1936/12/31

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936) fue un escritor y filósofo español perteneciente a la llamada generación del 98. Es considerado como el mayor de sus integrantes y, en cierta medida, su maestro. Cultivó todos los géneros literarios: ensayo, novela, poesía, periodismo y teatro.

Rector de la Universidad de Salamanca de 1900 a 1914 y de 1931 a 1936, destacado opositor a la dictadura de Primo de Rivera, que lo envió al destierro en Fuerteventura, fue asimismo diputado de las Cortes constituyentes de la Segunda República, de la que se fue distanciando hasta el punto de adherirse a la sublevación militar que dio inicio a la Guerra Civil, si bien terminó retractándose de dicho apoyo.

Biografía:
Familia, infancia y primeras letras:
Miguel de Unamuno y Jugo nació en el número 16 de la calle Ronda de Bilbao, en el barrio de las Siete Calles. Era el tercer hijo y primer varón, tras María Felisa, nacida en 1861, y María Jesús, fallecida en 1863, del matrimonio habido entre el comerciante Félix María de Unamuno Larraza y su sobrina carnal, María Salomé Crispina Jugo Unamuno, diecisiete años más joven. Más tarde nacieron Félix Gabriel José, Susana Presentación Felisa y María Mercedes Higinia. Por parte de padre, el filósofo era primo del científico, naturalista y antropólogo Telesforo Aranzadi Unamuno (1860-1945), con quien preparó diversas oposiciones.

Su padre, nacido en 1823, hijo de un confitero de Vergara, emigró joven a la ciudad mexicana de Tepic. A su regreso, en 1859, gracias al capital acumulado, solicitó licencia municipal para que su horno panadero de Achuri pudiera utilizar agua del manantial Uzcorta. En 1866, cuando contaba cuarenta y tres años, pidió permiso para establecer un despacho de pan en los porches de la plaza Vieja. Se presentó a las elecciones municipales celebradas tras la Gloriosa, saliendo elegido por el distrito de San Juan con 120 votos. El 1 de enero de 1869 juró su cargo de concejal en la sesión constitutiva del nuevo ayuntamiento.

Antes que Félix, en 1835 y debido a la guerra carlista, habían llegado a la capital vizcaína dos de sus hermanas: Benita, nacida en 1811, y Valentina, quince años menor que ella. Benita, acabada la guerra, contrajo matrimonio con José Antonio de Jugo y Erezcano, pequeño rentista natural de Ceberio, dueño con su esposa de la confitería «La Vergaresa». La más joven, Valentina, casó en 1856 con Félix Aranzadi Aramburu, quizá un antiguo trabajador de la pastelería de su padre que abrió una chocolatería en Bilbao con el mismo nombre que había tenido el negocio de sus cuñados. Félix y Valentina fueron los padrinos en el bautismo de Miguel.

Su madre, Salomé, hija única, fue bautizada en Bilbao el 25 de octubre de 1840. Poco después de los cuatro años murió su padre y su madre volvió a casarse en 1847, esta vez con José Narbaiza.

A los pocos meses de nacer, los padres de Unamuno cambiaron de domicilio y se instalaron en el segundo piso derecha de la calle de la Cruz número 7. En los bajos se hallaba la chocolatería de sus tíos, que vivían en el primer piso. No había cumplido todavía los seis años cuando quedó huérfano de padre. Félix de Unamuno falleció el 14 de julio de 1870 en el balneario de Urberuaga, en Marquina, «de enfermedad de tisis pulmonar».

Aprendió sus primeras letras con don Higinio en el colegio privado de San Nicolás, situado en una buhardilla de la calle del Correo. En las catequesis preparatorias para la primera comunión, en la iglesia de San Juan, conoció a quien, andando el tiempo, sería su novia y esposa: Concepción Lizárraga, Concha.

Al acabar sus primeros estudios en el colegio de San Nicolás y a punto de entrar en el instituto, asistió como testigo al asedio de su ciudad durante la tercera guerra carlista, lo que luego reflejará en su primera novela, Paz en la guerra. La villa quedó sitiada por las tropas carlistas, bajo el mando del general Elío, desde el 28 de diciembre de 1873. A partir de febrero de 1874, la situación se agravó al quedar interrumpido cualquier abastecimiento a través de la ría y, por último, el día 21 del mismo mes comenzó el bombardeo de Bilbao. El sitio finalizó el 2 de mayo de 1874 con la entrada de las tropas liberales al mando del general Gutiérrez de la Concha. Para sus biógrafos, esta experiencia de la guerra civil marcó su tránsito de la infancia a la adolescencia.

Bachillerato:
La siguiente etapa en la vida académica de Unamuno comenzó el 11 de septiembre de 1875, fecha en la que realizó su examen de ingreso en el Instituto Vizcaíno para cursar el Bachillerato, prueba en la que obtuvo la calificación de «Aprobado», y no se presentó al examen de premio. Tanto el examen de ingreso como el primer curso tuvo que realizarlos en el antiguo colegio de la calle del Correo, ya que el Instituto, durante la guerra, había sido convertido en hospital militar. Santos Barrón fue su profesor de Latín y Castellano, y Genaro Carreño de Geografía universal. Obtuvo la calificación de notable en las tres asignaturas. Unamuno describió con gran viveza este periodo formativo de su vida en sus Recuerdos de niñez y de mocedad (1908), de los que hay distintas versiones publicadas, pues el autor refundió diversos artículos publicados sobre el tema entre 1891 y 1892.

Los restantes cuatro cursos los realizó en el instituto. En general, le disgustaba el método de aprendizaje memorístico que se aplicaba en casi todas las asignaturas y le aburrían, en particular, las clases de Latín, Historia, Geografía y Retórica, aunque le encantaba memorizar los ejemplos de figuras de esta última. No tuvo ningún problema con la Aritmética, la Física, la Geometría o la Trigonometría, y disfrutaba con el Álgebra. También le agradó la Filosofía, que figuraba entonces en una asignatura de cuarto curso: "Fundamentos de Psicología, Lógica y Ética", a pesar de que no apreciaba la didáctica de su profesor, el sacerdote Félix Azcuénaga. En sus Recuerdos de niñez y de mocedad, Unamuno cuenta que empezó a sentir curiosidad por la filosofía leyendo las únicas obras de esa materia que había en la biblioteca paterna, que eran de Jaime Balmes ("una especie de escocés de quinta mano") y de Donoso Cortés. En esas clases podía hacer gala de su talento de orador, rivalizando a menudo con su compañero Andrés Oñate. Por último, en las asignaturas impartidas por Fernando Mieg, Historia Natural, Fisiología e Higiene, logró sendos sobresalientes, probable consecuencia del sistema pedagógico utilizado por el catedrático que sabía despertar la curiosidad y el interés de sus alumnos. Como dice, literalmente, su expediente, «con fecha 19 y 21 de junio de 1880 fue aprobado en los ejercicios del grado de Bachiller en Artes, en 17 de agosto del mismo se le expidió el título por el Sr. Rector de este distrito y en 30 del mismo mes recibió el dicho título».

Buen dibujante, estudió en el taller bilbaíno de Antonio Lecuona, pero, como él mismo confesó, la falta de dominio sobre el color le hizo desistir de una carrera artística.

Desde niño, fue un gran aficionado a la papiroflexia, siendo uno de sus máximos impulsores durante el siglo XX.

Estudios universitarios, profesor y rector
En septiembre de 1880 se traslada a la Universidad Central de Madrid para estudiar Filosofía y Letras. En ese año precisamente acababa de publicar Marcelino Menéndez Pelayo el primer volumen de su Historia de los heterodoxos españoles (1880-1882), que le impresionó no poco, en especial en lo que tocaba al protestante José María Blanco White, con el que se identificaba en lo esencial, como señaló el conde de Motrico. El 21 de junio de 1883, a sus diecinueve años, finaliza sus estudios y realiza el examen de Grado de dicha licenciatura obteniendo la calificación de sobresaliente. Un año después, el 20 de junio de 1884, se doctora con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. En ella anticipa su idea sobre el origen de los vascos, idea contraria a la que en los años venideros irá gestando el nacionalismo vasco, recién fundado por los hermanos Arana Goiri, que propugnará una raza vasca no contaminada por otras razas.

En 1884 comienza a trabajar en un colegio como profesor de latín y psicología. Con 21 años, en 1885, escribe para sí mismo:

Parece que somos el campo de batalla de Dios y Satán, que bajan a nuestro pobre espíritu como a arena en que vengar sus viejos resentimientos. El hombre tiende por una parte a la nada, al no ser, el Nirvana budista renovado por Schopenhauer, el dulce no hacer nada, y tiende, por otra parte, a lo Absoluto, a ser todo, abrazarlo todo, saberlo todo, poseerlo todo; viene de la nada y va a Dios, como dicen los teólogos católicos; y, aunque para mí la Nada y Dios son puras ideas, no por eso deja de ser verdad la afirmación sentada. O todo o nada, este es el grito que lanza en todas partes y en todos los tiempos la conciencia humana, por más que vistan a dicha enseña de mil colores distintos y abigarrados.
Publica un artículo titulado «Del elemento alienígena en el idioma vasco» y otro costumbrista, «Guernica», y aumenta su colaboración en 1886 con El Noticiero Bilbaíno.

En 1888, oposita en Madrid a la cátedra de Psicología, Lógica y Ética vacante en el Instituto de Bilbao y, mientras se halla en la capital por este motivo, la Diputación de Vizcaya convoca una plaza de profesor interino de lengua vascongada en el mismo instituto con «asignación anual de mil quinientas pesetas». Se presenta a esta última junto con Pedro Alberdi, Eustaquio Madina, Sabino Arana y el novelista y folclorista Resurrección María de Azkue, adjudicándose la plaza a este último. El primer informe presentado por el secretario de la Diputación hizo constar que, de los cinco candidatos, solo Unamuno y Azkue contaban con título profesional. El primero, doctor en Filosofía y Letras y el segundo, bachiller en Teología. Según Sabino Arana, la adjudicación se debió al «Diputado Larrazabal, amigo de Azkue y amigo de mi difunto padre, (que) me escribió suplicándome retirara la solicitud, para que el nombramiento recayera en Azkue, joven clérigo despejado que tenía que sostener a su madre y hermanas y al efecto y para desplegar sus facultades deseaba establecerse en Bilbao».

Polemizó con Sabino Arana, que iniciaba su actividad nacionalista, ya que consideraba a Unamuno como un vasco «españolista» porque, aunque ya había escrito algunas obras en euskera, consideraba a este idioma próximo a desaparecer y que además el bilingüismo no era posible. «El vascuence y el castellano son incompatibles, dígase lo que se quiera, y, si caben individuos, no caben pueblos bilingües. Es este de la bilingüidad un estado transitorio».

En 1889 prepara otras oposiciones y viaja a Suiza, Italia y Francia, donde se celebra la Exposición Universal y se inaugura la torre Eiffel.

El 31 de enero de 1891, se casa en Guernica con su "Concha", Concepción Lizárraga Ecenarro, de la que estaba enamorado desde niño y con quien tuvo nueve hijos: Fernando, Pablo, Raimundo, Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Salomé se casó más tarde con el poeta José María Quiroga Plá. Unamuno pasa los meses invernales de ese año dedicado a la preparación de las oposiciones para una cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, una materia menos controvertida, la cual obtiene de un tribunal donde figuraba entre otros Juan Valera. En junio de 1891 aprueba las oposiciones y en julio toma posesión de la cátedra de Lengua Griega, regresando a Bilbao. Con el comienzo del curso el 1 de octubre se traslada definitivamente a Salamanca. Con motivo de estas oposiciones, entabla amistad con el granadino Ángel Ganivet, amistad que se irá intensificando hasta el suicidio de aquel en 1898. En 1896 termina su primera novela, Nuevo mundo, poco leída y atendida.

En 1891, recién llegado a Salamanca, protagonizó su primera polémica contestando al discurso inaugural del curso universitario, pronunciado por el catedrático de derecho Enrique Gil Robles y titulado El absolutismo y la democracia, en varios artículos escritos con seudónimo en el periódico La Libertad y titulados «Un nocedalino desquiciado» en los que calificaba a Gil y Robles de «inepto, mediocre e indocto» y su discurso de «sudado, artificioso, falso, manera y no estilo». Su relación se mantuvo tirante desde entonces.

Entre octubre de 1892 y abril de 1893 estudia el Cantar de Mio Cid para optar al premio que la Real Academia de la Lengua ofrecía al mejor trabajo sobre el léxico y la gramática del mismo. Quedó finalista, pues el premio lo obtuvo Ramón Menéndez Pidal; el estudio de Unamuno solo llegó a publicarse en 1977.

El 11 de octubre de 1894 ingresa en la Agrupación Socialista de Bilbao y colabora en el semanario La Lucha de Clases de esta ciudad; en 1895 aparece su primera colección de ensayos, En torno al casticismo, que tendrá segunda edición en 1916; la ejecución del líder y escritor filipino José Rizal en 1896, a instigación de las órdenes religiosas establecidas en el archipiélago, lo conmueve profundamente. Abandona el partido socialista en 1897 sufriendo una gran depresión: su tercer hijo enfermó de una meningitis que degeneró en hidrocefalia, y se cree a las puertas de la muerte al sufrir una neurosis de angustia; el materialismo dialéctico no puede explicar sus dudas existenciales y sus preocupaciones religiosas, que empiezan a dominar su pensamiento. Ese año tomó partido contra el obispo en la polémica desatada por la propuesta de excomunión del catedrático Dorado Montero lanzada por el obispo de Salamanca fray Tomás Cámara como consecuencia de la denuncia de un grupo de alumnos que lo acusaba de revolucionario y de seguir doctrinas deterministas y materialistas.

Publica también en ese año su única novela histórica, Paz en la guerra, sobre la tercera carlistada y el asedio de Bilbao, pero no lo deja satisfecho por ser obra demasiado pensada y estructurada. Refleja algo de su crisis espiritual en su tragedia La esfinge, compuesta en 1897, pero solo estrenada en 1909, donde cuenta la historia de Ángel (¿un eco de su amigo Ángel Ganivet, acaso?), quien, empujado por su entorno para adentrarse en el mundo de la política, sufre una crisis espiritual y de valores que lo empuja a dejarse matar. Además, concluye en 1898 la guerra hispano-estadounidense en la que España pierde sus colonias, y se hace evidente que el país no es aquello que se creía que era. El corrupto sistema canovista está en crisis y cunden las preocupaciones patrióticas: el pensamiento regeneracionista está en el aire: Joaquín Costa publica Reconstitución y europeización de España (1898). De esta coyuntura surge el grupo de "los tres" (Azorín, Baroja y Unamuno) y la llamada generación del 98, que ofrecerá una visión subjetiva (artística: narrativa y poética) de la decadencia inspirada en los estudios objetivos del regeneracionismo, buscando, en diversos viajes por el país, la España real, lo que Unamuno llamará en los ensayos de 1895 tradición eterna o intrahistoria, una historia de los pequeños grupos humanos frente a la de la España oficial, metahistórica, falsa y meramente epifenoménica. Unamuno tiene en 1898 ya cinco hijos y multiplica su esfuerzo y sus colaboraciones periodísticas para poder sostener a su familia.

Desde los inicios de su estancia en Salamanca, participó activamente en su vida cultural, y se hizo habitual su presencia en la terraza del Café literario Novelty, al lado del ayuntamiento, costumbre que mantuvo hasta 1936. Desde aquella terraza, cuando a Unamuno, refiriéndose a la plaza Mayor de Salamanca, le preguntaban si era un cuadrado perfecto o no, él afirmaba: «Es un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico». En 1900 el ministro lo nombra, con solo treinta y seis años de edad, rector de la Universidad de Salamanca por primera vez, cargo que llegó a ostentar tres veces. Creó una cátedra de Filología comparada que terminó rigiendo él. Publica Tres ensayos: Adentro, La ideocracia, La fe (1900), en que ataca al socialismo deshumanizado y defiende sus nuevas creencias. En 1901 empieza a leer a su filósofo predilecto, Sören Kierkegaard; incluso aprende danés para comprenderlo mejor, y se recrudece su enfrentamiento con el obispo de Salamanca Tomás Cámara. En 1902 publica la novela Amor y pedagogía, una crítica severa al pensamiento educativo del positivismo y a la represión de todo impulso natural. Sostiene en esta obra, como en otras, la dicotomía esencial entre la vida y el pensamiento. Le nombran mantenedor de diversos juegos florales. Con motivo del tricentenario de la publicación del Quijote (1905), publica su poco ortodoxo ensayo Vida de don Quijote y Sancho sobre el heroísmo y el erostratismo y recibe la Gran Cruz de Alfonso XII. En 1906 le acomete otra vez la neurosis de angustia. En agosto de 1909, durante la guerra de Melilla y después del Desastre del Barranco del Lobo, escribió su polémico poema "Salutación a los rifeños", donde se pone de parte de ellos frente a las ambiciones mineras de los occidentales, representadas por España. Polemiza con Ramiro de Maeztu y José Ortega y Gasset y sus artículos se publican por toda España y América. En 1909 logra estrenar en Las Palmas su tragedia La esfinge. Viaja por España y Portugal y en 1911 publica Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España, Soliloquios y conversaciones y Una historia de amor; en 1912 aparece una colección de ensayos, Contra esto y aquello. En 1912 aparece la primera de sus obras filosóficas importantes, Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. En 1913 viaja por Las Hurdes con Maurice Legendre y Jacques Chevalier buscando la mísera España real (Alfonso XIII lo hará ocho años después, junto al doctor Gregorio Marañón, en 1922). Desde 1895 hasta su muerte, mantuvo una intensa relación epistolar con diversos intelectuales, políticos, artistas y escritores latinoamericanos como Rubén Darío, Rufino Blanco Fombona, Rómulo Betancourt, José Rafael Pocaterra o Pedro Emilio Coll.

Durante la monarquía de Alfonso XIII y la dictadura hasta la caída de Primo de Rivera:

En 1914 publica su novela más importante, Niebla, escrita en 1907, donde se refleja la insustancialidad existencial de la vida y el problema de la identidad y la pervivencia a través de un personaje "irreal", Augusto Pérez, anticipando el uso de la metaficción; el peso de la filosofía irracionalista europea en esta creación es notable (Schopenhauer y Kierkegaard, principalmente), pero también el de la clásica (Spinoza, Kant, Hegel, Spencer). En agosto de 1914 el ministro de Instrucción Pública lo destituye del rectorado por razones políticas, aunque el pretexto oficial es una anómala convalidación del título de bachiller a un colombiano; las reacciones adversas a esa decisión gubernamental son no solo de escala nacional, sino internacional.

En 1917 publica su novela Abel Sánchez. Una historia de pasión, donde ejemplifica como elemento esencial del carácter español la envidia, que él llama cainismo, en forma de ninguneo de todo lo elevado, honesto y esforzado, de la "superioridad natural", como expone en el prólogo a la segunda edición; por ejemplo, el protagonista no es el que da el título a la obra, sino el doctor Joaquín Monegro, que ve despreciados todos sus esfuerzos por hacer el bien a los demás y al final mata a Abel cuando le roba el amor de su nieto. Al año siguiente (1918) es elegido concejal del ayuntamiento salmantino y estrena sin éxito en el Ateneo su tragedia Fedra, acaso demasiado densa y escasa de acción para el gusto popular.

En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras y publica su poema religioso El Cristo de Velázquez, un intento de desagraviarse por su descreído poema "El Cristo yacente de Santa Clara" que publicó el 26 de mayo de 1913 en Los Lunes del Imparcial y que suscitó reacciones adversas en los círculos católicos, que lo consideraban blasfemo y Tres novelas ejemplares y un prólogo. En ese mismo año es condenado a dieciséis años de prisión por injurias al rey en un artículo de opinión, pero la sentencia no llegó a cumplirse.

[...] ese aventurero de mala fe, rapaz, mendaz e incapaz que es Primo de Rivera, a quien he de aplastar como Sarmiento a Rosas.
A comienzos de la década de 1920 ejerce como frecuente colaborador del periódico madrileño El Liberal. En 1921 es nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera advenido al poder en 1923 bajo su protección, hacen que el último lo destituya nuevamente y lo destierre a Fuerteventura en febrero de 1924. El 9 de julio es indultado, pero él se exilia voluntariamente a Francia; primero a París, donde fue muy bien acogido por el hispanista Jean Cassou, quien le presentó al escritor mexicano Alfonso Reyes y al poeta checo-alemán Rainer Maria Rilke, y, al poco tiempo, a Hendaya. Se queda allí hasta que en 1930 cae el régimen de Primo de Rivera, y a su vuelta a Salamanca entra en la ciudad con un recibimiento apoteósico.

La República:
Miguel de Unamuno se presenta candidato a concejal por la Conjunción Republicano-Socialista para las elecciones del 12 de abril de 1931, resultando elegido. El 14 de abril, es él quien proclama la República en Salamanca: desde el balcón del ayuntamiento, el filósofo declara que comienza «una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido».

La República lo repone en el cargo de rector de la Universidad salmantina. Se presenta a las elecciones a Cortes y es elegido diputado como independiente por la candidatura de la conjunción republicano-socialista en Salamanca, ejerciendo su cargo entre el 12 de julio de 1931 y el 9 de octubre de 1933.

Sin embargo, el escritor e intelectual, que en 1931 había dicho que él había contribuido más que ningún otro español —con su pluma, con su oposición al rey y al dictador, con su exilio...— al advenimiento de la República, empieza a desencantarse, como otros intelectuales que lo habían acompañado en su pulso a favor de la República (José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala, entre otros). En 1933 decide no presentarse a la reelección. Por demás, había reñido también con muchos otros famosos intelectuales de la Generación del 14 que, sin embargo, lo admiraban, como el propio Ortega, quien no podía soportar su subjetivismo ya al menos desde 1909, cuando se entrevistó con él en Salamanca; Ramón Gómez de la Serna advirtió que, cuando Unamuno entraba en la Revista de Occidente, Ortega se levantaba y se iba, a lo que añadió maliciosamente: "Nunca notaba su ausencia"; o su compañero del noventa y ocho Pío Baroja, al que su intransigencia lo ponía incomodísimo (escribió que «Unamuno se creía todo. Era, sin proponérselo, filósofo, matemático, geógrafo, filólogo, naturalista, arquitecto, además de vidente y de profeta» y no «hubiera dejado hablar por gusto a nadie. No escuchaba»), aunque apercibió que sus novelas parecían escritas "para incomodar al lector", algo que le era afín. No caía tampoco demasiado bien a Valle-Inclán ni a Fernando Pessoa, quien sufrió su ninguneo y advirtió el absurdo de sus contradicciones. Imbuido de lo que él llamaba, con esos neologismos que caracterizan su estilo, su alterutralidad o neutralidad activa, el gran filólogo Ernst Robert Curtius llegó a definirlo como excitator Hispaniae.

En 1934 se jubiló de su actividad docente, y fue nombrado rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, que creó incluso una cátedra con su nombre. Ese mismo año fue designado miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, por nominación de Pedro Emilio Coll, con quien había mantenido una relación epistolar desde 1895. Sin embargo, a pesar de que el diploma fechado el 23 de noviembre de 1934 llegó a las manos de Unamuno, este nunca aceptó la distinción de aquel país, gobernado entonces por el dictador Juan Vicente Gómez.

En 1935 fue nombrado ciudadano de honor de la República. Pero, fruto de su desencanto, expresó públicamente sus críticas a la reforma agraria, a la política religiosa, a la clase política, al Gobierno y a Manuel Azaña. El 10 de febrero de 1935 recibió la visita de José Antonio Primo de Rivera y otros falangistas en su casa y asistió al acto de presentación de la Falange en Salamanca, según su correspondencia con la escritora Concha Espina. La Falange utilizó propagandísticamente este acto, lo que motivó una enérgica protesta de Unamuno en la prensa de Madrid contra la organización política de ideología fascista. Este enfrentamiento también puede comprobarse en la correspondencia que mantenían José Antonio Primo de Rivera y el jefe local de la Falange en Salamanca, Francisco Bravo.

Según una controvertida afirmación de Manuel Menchón, en 1935 el premio Nobel de literatura para el que estaba propuesto quedó desierto y un informe del «Ministerio para la formación y la propaganda” del Tercer Reich dirigido a la Fundación Nobel solicitaba que no se concediera el premio a Miguel de Unamuno, ya que, “Tras el cambio político ocurrido desde 1933, Unamuno ha tomado una actitud tan clara contra nosotros que se puede considerar como el portavoz espiritual de la lucha contra Alemania en los círculos intelectuales de España. Por esta actitud no apoyamos su solicitud para el Nobel».

La Guerra Civil:
Al iniciarse la guerra civil, Unamuno apoyó al bando nacional: quiere ver en los militares alzados a un conjunto de regeneracionistas autoritarios dispuestos a encauzar la deriva del país. Cuando el 19 de julio la práctica totalidad del consistorio salmantino fue destituida por las nuevas autoridades y sustituida por personas adeptas, Unamuno aceptó el acta de concejal que le ofreció el nuevo alcalde, el comandante Del Valle.

En el verano de 1936, hizo un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyasen a los sublevados, declarando que representaban la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana, lo que causó tristeza y horror en el mundo, según el historiador Fernando García de Cortázar. Azaña lo destituyó como rector de la Universidad de Salamanca, pero el gobierno de Burgos lo repuso de nuevo en el cargo.

Sin embargo, el entusiasmo por la sublevación pronto se tornó en decepción, especialmente ante el cariz que tomó la represión en Salamanca. Según el historiador Francisco Blanco Prieto, Unamuno ya mostró su desacuerdo con varios hechos represivos de los días 19 y 20 de julio, aunque también donó 5000 pesetas al ejército sublevado, quizá por temor. En los bolsillos de Unamuno se amontonaban las cartas de mujeres de amigos, de conocidos y de desconocidos, que le pedían que intercediese por sus maridos encarcelados, torturados y fusilados. A finales de julio, sus amigos salmantinos Prieto Carrasco (alcalde republicano de Salamanca) y José Andrés y Manso (diputado socialista) fueron asesinados, y su alumno predilecto y rector de la Universidad de Granada, Salvador Vila Hernández, detenido el 7 de octubre. En la cárcel se hallaban también recluidos sus íntimos amigos el doctor Filiberto Villalobos y el periodista José Sánchez Gómez, este a la espera de ser fusilado. Su también amigo, el pastor de la Iglesia anglicana y masón Atilano Coco, estaba amenazado de muerte (será fusilado en diciembre de 1936). A principios de octubre, Unamuno visitó a Franco en el palacio episcopal para suplicar, inútilmente, clemencia para sus amigos presos. Salvador Vila fue ejecutado el 22 de octubre, el mismo día en que Unamuno fue destituido como rector por orden de Franco. El escritor vasco, ya desencantado de las consecuencias del pronunciamiento militar, llegaría a atribuir (en comunicación privada a un amigo) el origen del «estúpido régimen de terror» que imperaba en la zona nacionalista a «el maridaje de la mentalidad de cuartel con la de sacristía». Y en los apresurados apuntes manuscritos para El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y guerra civil españolas, pasando revista a las víctimas de la violencia, varias de ellas cercanas a él, escribió:

Los motejados de intelectuales les estorban tanto a los hunos como a los hotros. Si no les fusilan los fascistas les fusilarán los marxistas. [...] ¡Pobre deán de Toledo, Polo Benito! ¡Pobre Arturo Pérez Martín! ¡Pobre Prieto Carrasco! ¡Pobre Beúnza! ¡[P]obre teniente Castillo! ¡[P]obre Calvo Sotelo! Pobre... Acaso aquel otro no era buena persona, sino díscolo, envidioso, pero, ¿quiénes somos buenas personas? ¿quién es bueno? Solo Dios es bueno, «pero Jesús le dijo: ¿qué me dices bueno? nadie bueno sino uno, Dios».
Miguel de Unamuno

Venceréis, pero no convenceréis:
Miguel de Unamuno también se arrepintió públicamente de su apoyo a la sublevación. El 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, durante el acto de apertura del curso académico que se celebraba tradicionalmente en la misma fecha que el Día de la Raza, el rector se enfrentó públicamente al general Millán-Astray, que había pronunciado unas soflamas contra la inteligencia y exaltadoras de la muerte. Posteriormente se atribuyó a Unamuno un discurso lapidario que habría incluido su famosa frase:

Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.
Franco, en persona, citó ese mismo día al jefe del Servicio de Información Militar (SIM), Salvador Múgica, para que se personara en el Estado Mayor de su Cuartel General de Salamanca. Poco más de dos meses después, Múgica enviaría un informe a Francisco Franco sobre las actitudes de Unamuno contra la causa franquista, lo cual entraría en contradicción con las propias intenciones del líder del bando sublevado, ya que este dio pasos para convertir a Unamuno en un intelectual al servicio de su causa. En el conocido acto del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, Unamuno acudió en representación del jefe del Estado.

Los últimos días:
Los últimos días de vida (de octubre a diciembre de 1936) los pasó confinado en su casa, en un estado de ánimo, en palabras de Fernando García de Cortázar, de resignada desolación, desesperación y soledad. Aunque legalmente no se dictó contra él arresto domiciliario, se le puso vigilancia que lo seguía a todas partes. Así lo explicaba él mismo al nuevo rector, Esteban Madruga, solo ocho días antes de su muerte y en carta enviada a través de su hija Felisa, en la que le hacía entrega de las llaves de la casa rectoral y hacía donación a la Universidad de su biblioteca:

He decidido no salir ya de casa desde que me he percatado de que el pobrecito policía esclavo que me sigue —a respetable distancia— a todas partes, es para que no escape —no sé dónde— y así se me retenga en este disfrazado encarcelamiento como rehén no sé de qué, ni por qué ni para qué.
Sin aviso, se le retiraron los títulos de rector y de alcalde vitalicio. El diario ABC de Madrid, convertido en órgano de prensa de Unión Republicana, comentó con sarcasmo: «Ignoramos si el motivo de la destitución del Sr. Unamuno es que ha vuelto a disputar con los comandantes o que, por el contrario, le han ascendido a teniente coronel de Instrucción Pública del Gobierno de Burgos». Para Colette y Jean-Claude Rabaté, es esa destitución firmada por sus propios compañeros y sin que se le diesen explicaciones lo que le «abre definitivamente los ojos» y lo distancia de los sublevados, como explicaría poco después en el manifiesto entregado a los hermanos Tharaud y en carta a Quintín de Torre. En esas condiciones, «expatriado en su propia patria», se dedica a escribir las notas finales de El resentimiento trágico de la vida, en las que vuelca su desconcierto y desesperanza.

El 21 de noviembre, escribe dos cartas a Italia que no envía. La primera a Lorenzo Giusso, filósofo italiano, en la que califica lo que ocurre en España de «enfermedad mental colectiva», habla «de la salvajería de las hordas llamadas rojas o marxistas» y muestra su desafección por los rebeldes: «Esta civilización cristiana que yo, ¡cándido de mí!, pedía que se salvase en España, no es aquí, y menos en manos de católicos españoles, cristiana. De cristiana nada tiene», para concluir: «tan salvajes como los hunos son los hotros». Y la segunda a Mari Garelli, traductora de La tía Tula, en la que habla de confinamiento interno, encierro y enclaustramiento, en situación de rehén «por obra y gracia de estos... salvadores de España». Le alegra ser recordado fuera de España en tanto dentro «le persiguen y niegan los feroces mellizos enemigos que la están destrozando»:

La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros. Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo. La deficiencia mental de nuestra juventud totalitaria —giovinezza— es espantosa.
En la carta que escribe Unamuno el 7 de diciembre a Henry Miller, residente en París, se encuentra por vez primera la denuncia de una orden de asesinarle si trata de huir de la ciudad. Además, también pide que cuente su situación y la de los ciudadanos bajo el gobierno franquista a quien quiera escucharle, haciendo mención explícita a la mujer de Hurtado (Anna Martí), quien por aquel entonces se ocupaba de ayudar a los españoles que huían de la guerra. Además, la carta fue estudiada por el jefe del Servicio de Información Militar (SIM) quien envió un informe sobre ella a Francisco Franco en persona, advirtiendo que Unamuno apuntaba el deseo de querer huir al extranjero.

Estoy, como le digo, preso en mi casa. Cierto es que me dicen con hipocresía tiránica que puedo circular por la ciudad pero seguido a cierta distancia por un policía para que no salga de Salamanca, donde se me tiene en rehén no sé por qué ni de qué ni para qué, y con orden, si intento salir de ella, hasta de asesinarme.
Miguel de Unamuno, carta a Henry Miller, 7 de diciembre de 1936.
El 10 diciembre la revista francesa Candide publicó con el título Contre la barbarie marxiste. Entretien avec Unamuno, la traducción «bastante fiel» del manifiesto escrito por Unamuno de su puño y letra que a finales de octubre o comienzos de noviembre entregó en su casa a los periodistas franceses Jean y Jérôme Tharaud, secretarios de Maurice Barrès. Según Carlos Rojas Vila el texto contiene «pasajes adulterados para sortear la censura, si bien el contenido del mismo suena muy genuino»:

Apenas iniciado el movimiento popular salvador que acaudilla el general Franco me adherí a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional. El gobierno fantasma de Madrid me destituyó por ello de mi rectoría y luego el de Burgos me restituyó en ella con elogiosos conceptos.
En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, expresidiarios criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo llegará al borde del suicidio moral. Si el desdichado gobierno de Madrid no ha podido querer resistir la presión del salvajismo apelado marxista debemos esperar que el gobierno de Burgos sabrá resistir la presión de los que quieren establecer otro régimen de terror. (...) Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera, puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para rehacer la patria que se está ensangrentando, desangrando, arruinándose, envenenándose y entonteciéndose. Y para ello impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos a los ni convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que el bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevístico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro que en el fondo son lo mismo.

En una de sus últimas cartas, fechada el 13 de diciembre, da su visión de los militares sublevados ante el cariz que iba tomando el conflicto, volviendo a aparecer su famosa sentencia:
Ésta es una campaña contra el liberalismo, no contra el bolchevismo. Todo el que fue ministro en la República, por de derecha que sea, está ya proscrito. (...) Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán.

Murió repentinamente por hemorragia bulbar, según el acta de defunción, en su domicilio salmantino de la calle Bordadores, la tarde del 31 de diciembre de 1936 y durante la visita que le hizo el falangista Bartolomé Aragón, profesor auxiliar de la Facultad de Derecho. Se ha postulado como causa de la muerte la inhalación de gases de un brasero, aunque la radio republicana difundió de inmediato el rumor de que había sido envenenado. Últimamente también se ha apuntado la hipótesis —"altamente improbable", según opinión razonada— de que fuese asesinado por su visitante. También se ha publicado una nueva tesis, elaborada por Carlos Sá Mayoral, que contempla la escena desde el punto de vista criminalístico, a partir del análisis de los golpes, gritos y la "zapatilla quemada". Este autor propone que el asesinato se produjo por fractura cervical o asfixia, con el fin de que pareciera una muerte natural, cuando en realidad se trataba de una muerte planificada por el SIM, bajo las órdenes directas del jefe del Estado, en plena Guerra Civil. En el año 2025 se ha constituido un grupo de trabajo de la Universidad de Salamanca y de la Universidad del País Vasco que, a partir, de la tesis anterior pretenden investigar la teoría del asesinato.

A pesar de su virtual reclusión, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista. A su muerte, Antonio Machado escribió: «Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo; acaso también, aunque muchos no lo crean, contra los hombres que han vendido a España y traicionado a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creído nunca y no lo creeré jamás».

Sus restos reposan junto a los de su hija mayor, Salomé (casada con su secretario y poeta José María Quiroga Plá y fallecida tres años antes), en un nicho del cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca, tras este epitafio: «Méteme, Padre Eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar».

Obra:
Narrativa:
La obra narrativa de Miguel de Unamuno, en orden cronológico, es la siguiente:
Desde 1886 escribió un total de 87 cuentos y relatos cortos. De ellos, en 1913 seleccionó solo veintiséis para su libro El espejo de la muerte. Destacan el que da título al libro o Revolución en la biblioteca de Ciudámuerta.
Paz en la guerra (1897), obra en la cual utiliza el contexto de la tercera guerra carlista (que conoció en su niñez) para plantear la relación del yo con el mundo, condicionado por el conocimiento de la muerte.
Amor y pedagogía (1902), que une lo cómico y lo trágico en una reducción a lo absurdo de la sociología positivista.
Recuerdos de niñez y mocedad (1908) es una obra autobiográfica. En ella el autor vasco reflexiona sobre los primeros años de su vida en Bilbao.
El espejo de la muerte (1913), libro de cuentos.
Niebla (1914), obra clave de Unamuno, que él caracteriza con el nombre «nivola» para separarla de la supuesta forma fija de la novela.
En 1917 escribe Abel Sánchez, donde invierte el tema bíblico de Caín y Abel para presentar la anatomía de la envidia.
Tulio Montalbán (1920) es una novela corta sobre el problema íntimo de la derrota de la personalidad verdadera por la imagen pública del mismo hombre.
También en 1920 se publican tres novelas cortas con un prólogo de gran importancia: Tres novelas ejemplares y un prólogo.
La última narración extensa es La tía Tula (1921), donde se presenta el anhelo de maternidad ya esbozado en Amor y pedagogía y en Dos madres.
Teresa (1924) es un cuadro narrativo que contiene rimas becquerianas, logrando en idea y en realidad la recreación de la amada.
Cómo se hace una novela (1927) es la autopsia de la novela unamuniana.
Don Sandalio, jugador de ajedrez (1930).
San Manuel Bueno, mártir (1931), en la que habla de un sacerdote que predica algo en lo que él no logra creer.
Diario íntimo (póstumo), escrito hacia 1897, publicado en 1970.

Novela:
En la época literaria que rodeaba al autor por entonces, se exigían unos rígidos patrones de procedimiento a la hora de escribir y publicar una novela: una temática particular, líneas de tiempo y acción específicas, convencionalismos sociales... una especie de guion no escrito pero aceptado por todos. Y esto suponía a Unamuno un corsé del que pretendería desprenderse de alguna forma, para expresarse en sus páginas como estimara oportuno. Su solución fue inventar un nuevo género literario, al que bautizó como «nivola», y de esta forma, no podría obtener crítica ninguna en lo referente a reglas de estética o composición, porque solo debería atender a las reglas que él mismo hubiese diseñado para su nuevo género. Así lo expresa en Niebla (1914), en el capítulo XVII:
—¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
—Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
—¿Y cómo es eso?
—Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.
—Sí, como el mío.
—No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
—¿Y hay psicología?, ¿descripciones?
—Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada (...). El caso es que en esta novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.
—Pues acabará no siendo novela.
—No, será... será...nivola.

Filosofía:
La filosofía de Unamuno no fue sistemática, sino una negación de cualquier sistema y una afirmación de fe «en sí misma». Se formó intelectualmente bajo el racionalismo y el positivismo y durante la época de su juventud escribió artículos en los cuales se apreciaba claramente su simpatía por el socialismo y expresaba una gran preocupación por la situación en la que se encontraba España. Unamuno cayó también durante su juventud bajo la influencia del krausismo español, aunque hay cierta controversia sobre hasta qué punto pudo dejarse influir por él.

La influencia de filósofos como Adolf von Harnack provocó el rechazo de Unamuno por el racionalismo. Tal abandono queda de manifiesto en su obra San Manuel Bueno, mártir, donde los personajes principales simbolizan las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y la metáfora de la nieve cayendo sobre el lago ilustra su postura en favor de la fe —la montaña sobre la cual la nieve crea formas, paisajes, frente al lago, donde ésta se disuelve y se transforma en nada—. Su pensamiento religioso se ha inscrito en el existencialismo cristiano.

Para él la muerte es algo definitivo, la vida acaba. Sin embargo, pensaba que la creencia de que nuestra identidad sobrevive a la muerte es necesaria para poder vivir. Desde luego, se necesita creer en un Dios, tener fe, lo cual no es racional; así siempre hay conflicto interior entre la necesidad de la fe y la razón que niega tal fe. Del mismo modo, el sentimiento y la razón son como el agua y el aceite: no se pueden mezclar ("piensa el sentimiento y siente el pensamiento"). Es considerado uno de los predecesores de la escuela existencialista que, varias décadas después, encontraría su auge en la filosofía europea como reflejo de las dudas que sobre la condición humana suscitaron las grandes guerras mundiales. Así, llegó a decir que estudió danés para leer directamente a Søren Kierkegaard, a quien en sus obras solía llamar, en su peculiar y cordial estilo, «hermano»; sin embargo, la raíz de su interés por los idiomas nórdicos es muy anterior a su descubrimiento del filósofo, y tiene que ver con su lectura de las obras del filósofo sefardí danés Georges Brandes y el teatro del noruego Henrik Ibsen que incitó en él su amigo nordicófilo Ángel Ganivet, como ha señalado el biógrafo del escritor bilbaíno Emilio Salcedo.

Como cervantista, fue autor de una Vida de Don Quijote y Sancho (1905).

La preocupación por España se manifestó en los ensayos recogidos en sus obras:
En torno al casticismo (1895);
Vida de Don Quijote y Sancho (1905);
Por tierras de Portugal y España (1911).
Durante la guerra y a partir de agosto de 1936, Unamuno comenzó a tomar apuntes para un libro que no llegaría a escribir y en el que plasma su testamento político: El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas.

Sus obras más puramente filosóficas son:
Del sentimiento trágico de la vida (1912) y
La agonía del cristianismo (1925).

Obras poéticas:
Fue Unamuno fundamentalmente un gran poeta del posromanticismo; las paradojas de esta estética estaban muy asentadas en él. Para Unamuno el arte era un medio de expresar las inquietudes del espíritu. Por ello, en la poesía y en la novela trata los mismos temas que había desarrollado en los ensayos: su angustia espiritual y el dolor que provoca el silencio de Dios, el tiempo y la muerte; la preocupación patriótica, el cainismo, el exilio, la necesidad de pervivencia individual y la imposibilidad de conciliar sentimiento y pensamiento. Le conmovía además el paisaje austero de Castilla, que reflejaba con su casticismo la identidad y el espíritu sacrificado y noble que él pretendía encarnar.

Siempre se sintió atraído por los metros tradicionales y, si bien en sus primeras composiciones procura eliminar la rima, más tarde recurre a ella, sintiendo particular predilección por el romance y el soneto. La crítica ha señalado su escasa atención a la sonoridad del verso en una época en que era lo común exagerarla (modernismo) así como la escasa imaginación de sus metáforas, pero ha apreciado en él el gran dominio del concepto y su gran inspiración posromántica. De hecho, él mismo consideraba que era el género que más le expresaba. Entre sus obras poéticas destacan: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Andanzas y visiones españolas (1922), Rimas de dentro (1923), Teresa. Rimas de un poeta desconocido (1924), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1928) y el póstumo Cancionero (1953).

Ya desde su primer libro, Poesías (1907), se perfilan los temas que van a dominar en la poética unamuniana: el conflicto religioso, la patria y la vida doméstica. Dedicó a la ciudad estas bellas palabras: «Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla».

Tosco y prosista, nunca se le ha reconocido por versos armoniosos y trabajados, sino por estrofas breves, castellanas y muy personales: en palabras de Ramón Irigoyen, prologuista de Niebla en la edición de El Mundo, Unamuno siempre fue un «eyaculador precoz del verso», haciendo referencia a su escaso detenimiento en la revisión de sus poemas conclusos, en comparación con otros poetas de la época tales como Machado o Juan Ramón Jiménez.

Teatro:
La obra dramática de Unamuno presenta su línea filosófica habitual; de ahí que obtuviera un éxito más bien escaso. Temas como la indagación de la espiritualidad individual, la fe como «mentira vital» y el problema de la doble personalidad son tratados en La esfinge (1898), La venda (1899) y El otro (1932). Actualiza la tragedia euripidea en Fedra (1918) y traduce la Medea (1933) de Séneca.

El teatro unamuniano tiene las siguientes características:
Es esquemático, está despojado de todo artificio y en él solo tienen cabida los conflictos y pasiones que afectan a los personajes. Esta austeridad es influjo de la tragedia griega clásica.
Si los personajes y los conflictos aparecen desnudos, la escenografía también se ve despojada de todo artificio. Es una escenografía simplificada al máximo.
Lo que realmente le importa es presentar el drama que transcurre en el interior de los personajes y, sin duda, de su interior.
Con la simbolización de las pasiones y la austeridad tanto de la palabra como escenográfica, el teatro unamuniano entronca con las experiencias dramáticas europeas y abre un camino a la renovación teatral española, que será seguido por Ramón Valle-Inclán, Azorín y, más tarde, Federico García Lorca.

Obras teatrales:
La esfinge (1898)
La venda (1899)
La princesa doña Lambra (1909)
La difunta (1909)
El pasado que vuelve (1910)
Fedra (1910)
Soledad (1921)
Raquel encadenada (1921)
Sombras de sueño (1926)
El otro (1926)
El hermano Juan o el mundo es teatro (1929)
Razón y fe

Libros de viajes:
Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza (1889, impreso en 2017)
Paisajes (1902)
De mi país (1903).
Por tierras de Portugal y España (1911)
Andanzas y visiones españolas (1922)
Paisajes del Alma (1944)
Madrid, Castilla (2001)

Epistolario:
Unamuno fue un auténtico epistológrafo. "Solía escribir tres o cuatro cartas diarias, se podrían contabilizar unas cincuenta mil misivas. Y solamente en la Casa de Unamuno hay veinte mil recibidas. Pero, durante el franquismo, muchos se deshicieron de las cartas que les enviaba el escritor por miedo…". La edición más reciente y completa de sus cartas (2017), realizada por los hispanistas Colette y Jean-Claude Rabaté, se compone de ocho volúmenes (Epistolario. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2017-) con 8000 páginas y cerca de 3000 cartas.

Ediciones:
No existe una edición crítica de las obras completas de Unamuno, labor muy compleja, porque, aunque el escritor decía no retocar sus obras, al menos en los primeros años de su vida (y aún después) se contradijo a sí mismo, refundiendo, reescribiendo, corrigiendo y ampliando diversas ediciones, sin tocar su espíritu esencial; además, son más que cuantiosos los artículos de prensa que publicó en Europa y América. Ya en vida del autor, la editorial Renacimiento había osado publicar unas incompletas Obras completas.

Hay una edición de Obras completas (Madrid: Afrodisio Aguado / Editorial Vergara, 1958-1964, 16 vols. de más de mil páginas) llevada a cabo por su discípulo Manuel García Blanco, después reimpresa (edición Las Américas / Escélicer, 1966-1971, en 9 vols.). Ricardo Senabre empezó a publicar unas Obras completas primero en la editorial Turner (2005) y luego a medias con la Fundación José Antonio de Castro para su Biblioteca Castro, de la que en 2020 se habían publicado ya diez volúmenes.

Miguel de Unamuno, Obras completas. Estudio, edición, bibliografía y notas de Manuel García Blanco. Madrid: Afrodisio Aguado / Editorial Vergara, 1958-1964, XVI tomos.
Tomo I: Paisaje.
Tomo II: Novela I
Tomo III: Ensayo I
Tomo IV: Ensayo II
Tomo V: De esto y de aquello
Tomo VI: La raza y la lengua.
Tomo VII: Prólogos, conferencias, discursos.
Tomo VIII: Letras de América y otras lecturas
Tomo IX: Novela, II y monodiálogos.
Tomo X: Autobiografía y recuerdos personales.
Tomo XI: Meditaciones y otros escritos.
Tomo XII: Teatro.
Tomo XIII: Poesía.
Tomo XIV: Poesía II.
Tomo XV: Poesía III.
Tomo XVI: Ensayos espirituales y otros escritos.

Reconocimientos:
Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Grenoble el 12 de mayo de 1934, y en 1936 por las universidades de Oxford, Cambridge y King's College (Londres). A título póstumo, la Universidad de Salamanca le concedió en 2024 el doctorado honoris causa.

Unamuno y el cine:
Adaptaciones cinematográficas:
Todo un hombre (1943), película argentina del director belga Pierre Chenal que adapta la novela Nada menos que todo un hombre.
Abel Sánchez (1946), adaptación de la novela homónima dirigida por Carlos Serrano de Osma.
La entrega (1954), de Julián Soler. Película mexicana que adapta Nada menos que todo un hombre.
La tía Tula (1964), película española dirigida por Miguel Picazo adaptando la aclamada novela homónima.
Niebla (1965), miniserie realizada por Televisión Española que adapta la novela homónima de Miguel de Unamuno.
Nada menos que todo un hombre (1971), de Rafael Gil, que adapta la novela homónima.
Niebla (1976), telefilm de Televisión Española dirigido por Fernando Méndez-Leite que adapta la novela Niebla.
Las cuatro novias de Augusto Pérez (1976), de José Jara, basada en la novela Niebla.
Acto de posesión (1977), dirigida por Javier Aguirre.
Fedra (1981), de Mercè Vilaret, adaptación de la obra de teatro del mismo nombre.
Todo un hombre (1982), de Rafael Villaseñor, adaptación de Nada menos que todo un hombre.
Lluvia de otoño (1988), película española dirigida por José Ángel Rebolledo a partir de la obra de teatro Sombras de sueño.
Mientras dure la guerra (2019), película española dirigida por Alejandro Amenábar.
Miguel de Unamuno como personaje
Miguel de Unamuno ha aparecido como personaje en al menos tres películas, que han abordado momentos y aspectos diferentes de su vida.

En la película de 2015 La isla del viento, de Manuel Menchón, se aborda su destierro en Fuerteventura en 1924 por sus constantes críticas al régimen de Primo de Rivera. Fue interpretado por el actor y académico de la RAE José Luis Gómez.
En la película de 2019 Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, se muestra la evolución en el pensamiento del escritor bilbaíno durante los primeros compases de la guerra civil española, hasta su histórico enfrentamiento con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad. En ella fue interpretado por Karra Elejalde.
En octubre de 2020 se estrenó en la Seminci el documental Palabras para un fin del mundo, dirigido por Manuel Menchón quien considera que “el relato oficial sobre ese día es falso”, y por tanto el relato conocido de la muerte del escritor. También recoge las últimas averiguaciones sobre el célebre enfrentamiento con Millán Astray el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el famoso y cuestionado “venceréis pero no convenceréis”. El documental se sustenta en las investigaciones realizadas por Jean-Claude Rabaté y Colette Rabaté, matrimonio francés biógrafo de Unamuno.

Person · 27-9-1830/20-3-1894

Nacido en la ciudad vizcaína de Bilbao el 27 de septiembre de 1830, sus padres fueron Pedro Sagarmínaga Gandásegui y Martina Epalza Lecanda, de Bilbao ambos. Fidel Sagarmínaga casó con María Ángeles Padilla Montoto, y tuvieron un hijo, Pablo, que falleció antes que su padre.

Fue nombrado Oficial segundo del Consejo Provincial de Vizcaya (Real Orden de 26-1-1848) durante los gobiernos moderados de Ramón María Narváez, cesando en 1850 (8-7-1850). Destacó como miembro de la Sociedad Bilbaína, de la cual fue su secretario en 1856 y en Madrid tomó parte activa en el Ateneo. Volvió luego a la administración como gobernador civil de Cuenca con el gobierno de Francisco Armero, entre 14-11-1857 y 26-1-1858. José Posada Herrera, ministro de Gobernación del gabinete de la Unión Liberal presidido por Leopoldo O’Donnell, le recuperó como oficial de segunda de la secretaría de Gobernación (9-7-1858). En este cargo, que desempeñó durante cuatro años y medio, conoció a Antonio Cánovas del Castillo, subsecretario del Ministerio. Fue ascendido a oficial de primera en 1863 y se mantuvo como tal hasta que cesó, a petición propia, alegando motivos de salud, el 27-9-1864. Durante este tiempo, Fidel de Sagarmínaga obtuvo escaño de diputado a Cortes en las elecciones de 1858, por el distrito castellonense de Vinaroz —con la Unión Liberal— y 1879, por el distrito vizcaíno de Durango como candidato fuerista. En su labor parlamentaria, por lo que compete a su relación con Vizcaya, estuvo encargado de solucionar la cuestión del Ensanche de Bilbao.

Fue concejal del Ayuntamiento liberal presidido por Eduardo Victoria de Lecea, designado por la Junta revolucionaria de Bilbao en octubre de 1868. El 1 de febrero de 1872 fue alcalde de su localidad natal en 1872,[8][a] adscrito al liberalismo monárquico, puesto del que dimitirá algunos meses después, el 29 de mayo de 1872, tras el Convenio de Amorebieta con los carlistas insurrectos (24-5-1872) además, de diputado general de Vizcaya entre 1876 y 1877, el último antes de la supresión de las instituciones forales, y cronista honorario del Señorío.

Considerado un fuerista liberal, evolucionó al fuerismo intransigente. Fue fundador de la Sociedad Euskal-Erria e individuo correspondiente de la Real Academia de la Historia. En Madrid dirigió en 1856 el periódico El Criterio y en 1879, modificado el régimen foral en las provincias vascongadas, fundó La Unión Vasco-Navarra. Fue autor de obras como La escuela Liberal y sus impugnadores, publicada en Londres (1852) bajo el pseudónimo de “Publícola”; Reflexiones sobre el sentido político de los Fueros de Vizcaya, Bilbao, (1871); Dos palabras sobre el carlismo vascongado (1874); Memorias históricas de Vizcaya (1880); o El Gobierno y Régimen foral del Señorío de Vizcaya desde ... Felipe Segundo hasta la mayor edad de Isabel Segunda (1892); entre otras. Falleció en Bilbao el 20 de marzo de 1894.